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Por Juan Gnius, director de Telracom

5G fue el tema excluyente del  “5G Americas Wireless Technology Summit 2018”, donde tuve la oportunidad de participar como panelista. Allí se expuso y se debatió sobre diferentes aspectos que traerá consigo la próxima generación de tecnologías móviles. Desde aspectos regulatorios y modelos de negocio, hasta el impacto en la vida cotidiana que conllevará un mundo más conectado.

El encuentro se realizó en el marco de Futurecom, el mayor evento de telecomunicaciones de América Latina (San Pablo, Brasil). Las disertaciones se encadenaron a algunas preguntas que funcionaron como disparadores. Debajo los comentarios que vertí en el panel (ampliados para la ocasión).

¿5G se entiende sólo como un concepto de mayor velocidad/capacidad o permitirá nuevos modelos de negocio?

5G es una evolución de 4G LTE, que permite mayores velocidades y menores latencias.  5G se puede considerar desde múltiples perspectivas, incluyendo usuarios, fabricantes, aplicaciones, operadores de red y servicios y proveedores de contenido. En este sentido, los parámetros IMT-2020 –pueden ser cumplidos por diferentes tecnologías, incluyendo 5G- se puede aplicar en una variedad de escenarios de implementación. Usualmente se identifican tres tipos de escenarios de uso, banda ancha mejorada (eMBB), comunicaciones de baja latencia ultra confiables (URLLC) y comunicaciones de tipo máquina masivas (MTCTC).

Escenarios de uso de las IMT a partir de 2020

Fuente: UIT

Entre algunas de sus características técnicas, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) destaca para algunos de los escenarios mencionados velocidades pico de bajada de 20 Gbps y 10 Gbps de subida; experiencia del usuario de con descargas de 100 Mbps y 50 Mbps de subida, latencias entre 1 y 4 milisegundos y la posibilidad de conectar un millón de dispositivos por km2.

Estas características técnicas habilitan una serie de nuevos servicios como describe el gráfico de arriba: ciudades inteligentes, vehículos autoconducidos, automatización industrial, Internet de las Cosas, hogares inteligentes, realidad aumentada, entre otros.

Está claro que las posibilidades que 5G abre a los operadores son muchas, sin embargo aún no existe un modelo de negocios definido. Los primeros pasos que los operadores realizan con 5G es habilitar banda ancha inalámbrica fija. Esto se da por una serie de factores: primero, la inexistencia de terminales móviles 5G; segundo, es un modelo de negocios que manejan; tercero: una cobertura muy focalizada y restringida; cuarto: la inmadurez actual de un ecosistema digital 4.0

¿En qué medida las políticas sobre espectro de los reguladores latinoamericanos alienta el desarrollo de 5G en la región?

En la actualidad no hay aliento para el desarrollo de 5G en la región por parte de los reguladores, con respecto a la entrega de espectro. De hecho, América Latina se encuentra rezagada en la entrega de espectro para servicios móviles al tomar como referencia los valores necesarios sugeridos por la UIT. El organismo internacional estimó entre 1340 y 1960 MHz de espectro para 2020 y a septiembre de 2018 la región tenía 363,8 MHz asignados en promedio, un 27,1% de la parte más baja del parámetro sugerido. En otras palabras, las políticas de espectro son insuficientes para las tecnologías actuales.

Bajo estas luces, el escenario de espectro luce complejo para espectro 5G, más allá de la ineficiencia habitual latinoamericana para otorgar espectro. Es que debido a los anchos de banda espectrales que requiere IMT-2020 se debe encontrar nuevo espectro para estos servicios.

En términos de características físicas, el espectro puede dividirse en tres rangos: bajo, hasta 3 GHz; medio, entre 3 GHz y 6 GHz; alto, sobre 6 GHz.

Cada rango de espectro tiene características específicas que lo hacen adecuado para ciertos escenarios de implementación. Por ejemplo, el espectro bajo tiene muy buenas capacidades de propagación que lo hacen factible para una gran cobertura de área. El espectro medio, por su parte, proporciona un tipo de cobertura más apta para el despliegue urbano, con mayor capacidad de transmisión. El espectro alto -bandas milimétricas- tiene una cobertura más limitada, pero podría proporcionar una capacidad muy alta debido a la cantidad de espectro no utilizado disponible en estas frecuencias.

Necesidad estimada de bandas milimétricas para IMT-2020

Fuente: 5G Americas

La identificación de espectro para IMT-2020 debe lograr consensos regionales en los diferentes ámbitos específicos para la tarea (UIT, Comisión Interamericana de Telecomunicaciones, CITEL) y constituye los pasos que podrían considerarse más sencillos. Para que los operadores móviles utilicen el recurso radioeléctrico, el mismo debe ser adjudicado y encontrarse limpio, es decir, sin interferencias de otros servicios. Estos últimos dos pasos recaen en las administraciones de los países y son, en definitiva, los que llevan mayores plazos.

Algunos países de América Latina se encuentran en la fase de identificación de espectro para 5G. No obstante, se tendrá un panorama más claro el año próximo, cuando se realice la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones (CMR-19) de la UIT. Por lo pronto, en la región se analiza la banda de 3.4-3.6 GHz y bandas altas. Cabe destacar que Brasil, Colombia y Uruguay han identificado la banda de 24.25-27.5 GHz (banda de 26 GHz) para IMT.

El advenimiento de la 5G y la IoT, ¿implicaría la redefinición de conceptos como neutralidad de red?

Se debe definir qué se entiende por neutralidad de red. En su acepción más conocida, se trata del no bloqueo al acceso a contenidos por parte del operador. O dicho de otra manera, que los contenidos puedan ser accedidos por cualquier usuario sin importar quién presta el servicio de Internet. Este concepto ya se encuentra en entredicho debido a prácticas comerciales o alianzas establecidas entre operadores y servicios over-the-top (OTT). Un ejemplo muy difundido, por caso, es la bonificación del consumo de datos para utilizar WhatsApp, también llamado zero rating. Aunque esta promoción sea brindada por todos los operadores de un determinado mercado, es una violación a la neutralidad de la red, ya que privilegia el acceso a una determinada aplicación frente a otra que, en este caso, podría ser Telegram.

Si se entiende como neutralidad de red la no discriminación por parte del operador en la priorización de la entrega de datos, es decir, administrar el tráfico en su red, el concepto de neutralidad es violado sistemáticamente, y con razón. Los operadores deben administrar el tráfico ya que esta misma administración envuelve cuestiones de seguridad, por ejemplo.

En un escenario 5G, donde la mayoría de las conexiones no requerirá de intervención humana –Internet de las Cosas (IoT) se trata justamente de eso- el concepto de neutralidad se vuelve obsoleto. Los reguladores deberán prestar atención a las buenas prácticas de los operadores, teniendo en cuenta que en diez años, 9 de cada 10 conexiones serán del tipo máquina a máquina (M2M).

¿Podrían, por su misma naturaleza tecnológica, las redes de 5G propiciar/obligar el empuje de la convergencia de servicios y entonces que ello termine por influir a los reguladores a redefinir políticas regulatorias en el mercado?

Por lo general se entiende la convergencia de servicios dentro del ámbito de las telecomunicaciones. Una oferta 4Play se entiende como una propuesta convergente donde un mismo operador presta servicios de voz (fija y móvil), banda ancha (fija y móvil) y TV Paga. Las velocidades que promete 5G harían viable estas ofertas de manera inalámbrica. De hecho, los planes de los operadores consisten en ofrecer inicialmente servicios fijos con 5G. TIM Brasil, por caso, anunció que recorrerá este camino.

Básicamente, los operadores ofrecen información y entretenimiento. Con la llegada de 5G agregarán valor productivo. Es decir, la llegada de 5G hará a las telecomunicaciones más permeables a todos los sectores de la economía y del quehacer humano. Habrá una convergencia entre la vida física y la vida digital. En consecuencia, se deberán redefinir los roles del regulador de telecomunicaciones o, al menos, estos deberán actuar con mayor concordancia con otros ámbitos gubernamentales y regulatorios. El caso de los vehículos autónomos sirve para ejemplificar: ¿sobre quién debe recaer su regulación, telecomunicaciones o las agencias de vialidad? ¿Ambas? ¿Un nuevo ente? Este es apenas una muestra del futuro que se acerca a gran velocidad.

Del panel también participaron Ignacio Perrone, Industry Manager (Frost & Sullivan América Latina), Ana Valero Huete, Directora de Asuntos Regulatorios para América Latina (Telefónica) y Marcelo Ruíz, Director de Consultoría para América Latina (Global Data). El moderador fue Nicolás Lucas, co-editor de El Economista (México).

Mi presencia se debió a la generosa invitación de José F. Otero, director para América Latina y Caribe de 5G Americas. Desde aquí renuevo mis agradecimientos.

Este artículo fue publicado originalmente en el blog del autor.

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