Oficinas centrales de Amgen en Thousand Oaks, California. Fotografía: Coolcaesar // CC BY-SA 3.0
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La eritropoyetina (o EPO) es una hormona que producen de forma natural los riñones con la finalidad de estimular la producción de glóbulos rojos. En tanto estos tienen por función transportar oxígeno a los tejidos corporales e intercambiarlo por dióxido de carbono, un incremento de los mismos permite incrementar la cantidad de oxígeno que llega a los músculos, lo cual, en el caso de un atleta, potencia su recuperación y resistencia.

Lance Armstrong, el malogrado ciclista estadounidense que ganó siete ediciones consecutivas del Tour de France, hizo uso de una versión sintética de esta hormona, la cual se produjo a través de un cultivo celular haciendo uso de huevos animales no humanos. La compañía responsable de la creación de esta hormona sintética fue Amgen, una compañía estadounidense fundada en 1980, que obtuvo la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicinas (FDA, por sus siglas en inglés) para su comercialización en 1989.

El objetivo, empero, del fármaco que fue denominado Epogen era muy distinto al que después le dieron los atletas de alto rendimiento, muy especialmente los ciclistas: tratamiento de anemia crónica derivada de padecimientos renales y aplicaciones en casos de cáncer y virus de inmunodeficiencia humana (VIH), entre otras enfermedades. Se trató del primer gran desarrollo bio-farmacéutico de Amgen, al punto que para el año 2002 era el único producto pagado por Medicare, el programa de seguridad social de Estados Unidos, con reembolsos que superaban los 2,000 millones de dólares.

Originalmente llamada Applied Molecular Genetics, la compañía cambió de nombre a Amgen en 1983, hecho que coincidió con el lanzamiento de su oferta pública inicial. Enfocada en la investigación y el desarrollo de la biología molecular y la bioquímica, se convirtió con el paso del tiempo en la firma biotecnológica independiente más grande del mundo, al realizar a lo largo de su historia una serie de adquisiciones estratégicas de pequeñas empresas biotecnológicas cuyas investigaciones y proyectos complementaban los suyos.

La primera de ellas fue Synergen Inc. en 1994, seguida de Kinetix Pharmaceuticals Inc. en 2000 e Immunex Corporation en 2002. No en todos los casos se trató de adquisiciones significativas, pero ciertamente contribuyeron a engrosar el músculo financiero de la empresa, así como a fortalecer su reputación en la industria. A la fecha, Amgen ha absorbido a 18 empresas del sector farmacéutico.

El comportamiento de las acciones de una empresa del sector salud suele ser errático la mayor de las veces en virtud a diversos factores, entre ellas la creación de nuevos productos, el establecimiento o la pérdida de patentes, los tropiezos naturales en el desarrollo de investigaciones que pueden implicar demandas por parte de pacientes y las sanciones correspondientes de la FDA, entre muchos otros.

Por ello, la gráfica de los últimos cinco años de Amgen luce como la más ambiciosa montaña rusa creada por Six Flags. Sin embargo, a largo plazo el precio de sus títulos ha ido en ascenso, cerrando estos días en 195.38 dólares por papel, no lejos de su máximo histórico (208.62 dólares) que tuvo lugar el pasado 26 de agosto.

Gráfica: YAHOO! FINANCE

La mayoría de las empresas farmacéuticas suelen ser apuestas seguras para los inversionistas en tanto llegan a producir ganancias en condiciones económicas desfavorables, pero muy pocas veces implican ingresos espectaculares, a menos que se esté pensando en el largo plazo. En este sentido, Amgen es un perfecto ejemplo de ello: tuvieron que pasar cinco años para que las acciones de la compañía crecieran de 139.15 a 195.38 dólares, es decir, casi 40%, y en medio una serie de altibajos que acaso produjeron, en el mejor de los casos, una serie de infartos a los inversionistas.

Al final, ya se ve, los resultados son positivos. Apostar por Amgen implica, pues, un corazón fuerte y dispuesto a los sobresaltos, cierta adicción a la adrenalina y mucha, mucha paciencia.

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