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El consumo lineal está llegando a sus límites. El modelo de tomar-hacer-deshacer ya no funciona, y ahora sentimos que el futuro solo puede ser circular. Una ciudad circular, una economía circular, es regenerativa por diseño y se basa en tres principios: sin desperdicio, sin obsolescencia y regeneración de sistemas naturales.

“El desperdicio no existe en la naturaleza, porque cada organismo contribuye a la salud del todo. Las flores de un árbol frutal caen al suelo y se descomponen en alimento para otros seres vivos.  Las bacterias y los hongos se alimentan de los desechos orgánicos tanto del árbol como de los animales que comen su fruta, depositando nutrientes en el suelo que el árbol puede absorber y convertir en crecimiento. El desperdicio de un organismo se convierte en alimento para otro. Los nutrientes fluyen perpetuamente en regeneración, ciclos de nacimiento, decadencia y renacimiento. La basura es igual a la comida “.- William McDonough, arquitecto, coautor de Cradle to Cradle: Remaking the Way We Make Things (2002) y autor de Something Lived, Something Dreamed (2003) y Positive Cities (Scientific American, julio de 2017)

La prevención de residuos, la reutilización y el diseño inteligente cerrarán el círculo de los ciclos de vida de los productos, frenarán la invasión de plásticos y traerán beneficios tanto para el medio ambiente como para la economía. Según el Parlamento Europeo, la transición a un modelo circular podría ahorrar 600.000 millones de euros a las empresas de la UE y reducir las emisiones anuales de gases de efecto invernadero en un 2-4% y reciclar el 65% de los residuos municipales para 2035, según lo acordado en los objetivos de la UE.

El enfoque de la economía circular tiene como objetivo remodelar el uso de los recursos al desacoplamiento del crecimiento de la extracción de materiales. La intención es crear un futuro más sostenible que permita que el entorno natural restaure los recursos y lo proteja de los efectos negativos de los desechos industrializados.

“Una economía circular describe un sistema económico basado en modelos comerciales que reemplazan el concepto de ‘fin de la vida’ con la reducción, la reutilización, el reciclaje y la recuperación de materiales en procesos de producción / distribución y consumo, operando a nivel micro (productos, empresas, consumidores), nivel intermedio (parques ecoindustriales) y a nivel macro (ciudad, región, nación y más allá), con el objetivo de lograr el desarrollo sostenible, lo que implica crear calidad ambiental, prosperidad económica y equidad social, en beneficio de generaciones actuales y futuras. Suena genial, pero los desafíos son enormes. Entonces, ¿por dónde empezar?

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