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Las misiones tripuladas al planeta rojo que la NASA quiere empezar a volar en los años 2030, serán duras para los astronautas, ya que deberían exponerse a altas cargas de radiación, microgravedad que destruye los huesos, entre otros peligros

Pero además, hay que tener en cuenta que estos pioneros deberían ser capaces de volver a la Tierra en un tiempo relativamente corto, según los funcionarios de la agencia espacial estadounidense.

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Sin embargo, la historia cambia para aquellos que decidan quedarse. Vivir permanentemente en Marte, o en cualquier otro lugar fuera del planeta, podría suponer la necesidad de ajustes en el ADN ​de la especie humana, dicen los expertos.

La ingeniería genética y otras tecnologías avanzadas “podrían tener que entrar en juego si la gente quiere vivir y trabajar y prosperar, y establecer su familia, y permanecer en Marte”, afirmó Kennda Lynch, astrobióloga y geomicrobióloga del Instituto Lunar y Planetario de Houston, Estados Unidos, durante un seminario web organizado por la Academia de Ciencias de Nueva York.

En el seminario llamado “Alienación de Marte: Desafíos de la colonización espacial”, la científica sostuvo: “Es entonces cuando este tipo de tecnologías pueden ser críticas o necesarias”, dijo.

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El clima

El primer problema que tenemos que solucionar una vez lleguemos a Marte es el clima nada amigable para los humanos. En la Tierra, la temperatura promedio es de 16 ºC, pero en Marte es de -62 ºC, demasiado frío para poder sobrevivir a la intemperie. Este problema surge durante las noches, cuando las temperaturas caen.

Fuentes de energía

El planeta Marte no puede darnos las mismas fuentes de energía que la Tierra. A pesar de que podríamos confiar en la energía nuclear, la energía solar no es una opción. Las tormentas de arena reducen la luz en un 99%, impidiendo la recarga de energía, por lo que deberíamos vivir de las reservas, que no alcanzarían para demasiado tiempo.

Lo que viene

Los científicos ya han insertado genes de animales diminutos, adorables y famosos por su resistencia que pueden sobrevivir al vacío del espacio, en células humanas en el laboratorio.

Justamente estas células manipuladas mostraron una mayor resistencia a la radiación, aportó también Christopher Mason, un genetista de Weill Cornell Medicine, la escuela de medicina de la Universidad de Cornell en la ciudad de Nueva York., según refleja Israel Noticias.

La NASA y otras agencias espaciales ya toman medidas para proteger a sus astronautas. Primero, físicamente, mediante el blindaje de naves espaciales. También desde el aspecto farmacológico a través de medicinas.

Por caso, no sería descabellado un gran salto cualitativo y de gran importancia considerar además la alteración genética, siempre que se demuestre que estas medidas resulten seguras, amplió Mason, siempre desde la teoría.

Pero fue más allá con una conclusión por demás cuestionable: “¿Y tal vez estemos éticamente obligados a hacerlo?. Creo que si es una misión lo suficientemente larga, puede que se tenga que hacer algo, asumiendo que es seguro, lo cual no podemos decir todavía”, argumentó.

Los tardígrados y los microbios “extremófilos”, como la bacteria resistente a la radiación Deinococcus radiodurans, “son una gran reserva básicamente natural de rasgos y talentos asombrosos en biología”, añadió el experto durante el seminario web difundido por el portal.

Es que ha estado estudiando los efectos de los vuelos espaciales a largo plazo sobre el astronauta de la NASA​ Scott Kelly (Kelly pasó casi un año a bordo de la Estación Espacial Internacional en 2015 y 2016). “Tal vez usemos algunos de ellos”.

Según siguieron considerando, estos cambios podrían permitir en el futuro a los astronautas viajar más lejos que Marte, a algunos lugares cósmicos aún más exóticos y peligrosos.

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Un ejemplo demasiado ambicioso por el momento, señalan, sería un viaje tripulado a la luna Europa de Júpiter, que alberga un enorme océano debajo de su capa de hielo. Además de ser muy fría, está en el corazón de los poderosos cinturones de radiación.

“Si alguna vez llegamos allí, esos son los casos en los que el cuerpo humano se freiría casi por completo por la radiación. Allí sería una muerte segura a menos que se hiciera algo”, sentenció Mason.

El satélite Joviano es una alta prioridad para el programa robótico de exploración planetaria de la NASA. A mediados de la década de 2020, la agencia espacial lanzará una misión llamada Europa Clipper, que prevé evaluar la habitabilidad de la Luna durante docenas de vuelos.

Y el Congreso ha ordenado a la NASA​ que desarrolle también un módulo de aterrizaje robótico Europa, aunque por el momento sigue siendo una misión conceptual, amplía el portal.

Dilema ético

Los expertos advierten que seguramente la ingeniería genética no se limitará a los astronautas y colonos pioneros. Los recientes avances en la biología sintética anuncian un futuro en el que los “microbios de diseño” ayudarán a los colonos a establecerse en el Planeta Rojo, apuntó Lynch.

Algunos investigadores y defensores de la exploración habrían sugerido incluso usar microbios de diseño para terraformar Marte, convirtiéndolo en un mundo mucho más cómodo para los humanos.

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Como a cada paso, surgen inmediatamente un dilema ético. En especial considerando que Marte puede haber albergado vida en el pasado antiguo y puede que aún lo haga hoy, en lagos o acuíferos subterráneos. De ahí la cuestión ética a la hora de cambiar los propios genomas por protección contra la radiación.

Después de todo, dijo, una de las principales razones por las que se encuentran explorando el planeta rojo es para determinar si la Tierra​ es el único mundo que alberga vida.

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