Mariano Stampella, co-founder de intive-FDV
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Por Mariano Stampella, co-founder de intive-FDV

En 2001, mientras nuestro país vivía una de sus peores crisis económicas y sociales, los psicólogos sociales del mundo comenzaban a analizar lo que se conoce como Crisis de Expectativas. Observaban con cierta preocupación que a nivel internacional crecía el P.B.I. al mismo tiempo que también lo hacía el desempleo. Era evidente que otros factores, diferentes al empleo, estaban empujando la economía.

La Crisis de Expectativas supone que cuantas más expectativas los sujetos depositan en lo que el capital privado debiera aportar en términos sociales, menor es el impacto de este tipo de políticas:

Las empresas producen cada vez un menor impacto social positivo: escasean las prácticas de responsabilidad social con real impacto y performance. La gente espera cada vez más y las empresas hacen, socialmente, cada vez menos.

Atender a esto es urgente. Y en ese contexto aparecemos los informáticos, los profesionales de sistemas, que tenemos en nuestro poder una potente arma: un profundo conocimiento de la tecnología, una herramienta que puede generar un enorme impacto social.

El camino y las posibilidades son vastos, ya que pueden encararse diversos tipos de proyectos que ataquen distintas necesidades y pongan en juego, también, capacidades técnicas variadas. Lo importante es hacer, y hacerlo juntos.

Ayudar enseñando. Un camino es el vinculado a la educación y la capacitación, como es el caso de Fundación Equidad, que capacita en la reparación de PCs y en informática; Puerta 18, donde, entre otras disciplinas, se enseña robótica; Comunidad IT que se enfoca en programación; y Proyecto Nahual, iniciativa en la que colaboramos y participamos, donde se dictan cursos de programación y testing con salida laboral y talleres de informática para la tercera edad.

Discapacidad. Hubo muchos avances en materia educativa para personas con discapacidad, sin embargo, la tecnología se quedó atrás en esa evolución. El no acceso a la tecnología y el hecho de que los dispositivos tecnológicos no sean amigables priva a las personas con discapacidad del acceso laboral. Por ello, junto a la organización DANE, participamos activamente en el desarrollo de una serie de aplicaciones para personas con autismo, síndrome de Down y afasia. El Proyecto Nahual ofrece cursos para personas con el síndrome de Asperger; y AtomicLabs es una iniciativa que imprime en 3D prótesis de manos y brazos.

Género. Vivimos en un mundo machista, pero en la tecnología la desigualdad de género es particularmente alarmante. Hay muchas menos mujeres en roles directivos que en otros sectores productivos, en los que la desigualdad ya está presente, y esta tendencia empeora cada vez más. “Programando un mundo mejor”,  un programa de Chicas en Tecnología con impacto social y emprendedor para chicas del secundario entre 13 y 16 años, es una excelente iniciativa de inclusión de género.

Ayudar a los que ayudan es otra alternativa. La tecnología, como dijimos, es una gran herramienta que tenemos a nuestra disposición; con nuestro conocimiento, podemos ayudar a ONGs con impacto social: Ingenieros sin Fronteras o la Fundación SI son algunos ejemplos.

Sea el camino que elijamos, lo cierto es que la sociedad necesita mucho involucramiento de nuestra parte y, con nuestros conocimientos, podemos hacer una diferencia muy grande en la vida de la gente.

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