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Lejos de su origen militar, los drones (vehículos aéreos no tripulados) invaden el mercado de consumo, arribando al ámbito doméstico, de la agricultura y comercial, en los cuales se invertirán 100 mil millones de dólares alrededor del mundo de la fecha hasta el 2020, de acuerdo con un informe de Goldman Sachs.

El banco estadounidense señala que la defensa y la milicia seguirán siendo el mercado más grande en el futuro a medida que la competencia global aumente y la tecnología continúe mejorando, abarcando 70 por ciento de las inversiones; después le seguiría el mercado de los consumidores aficionados, con 17 por ciento; y luego en el ramo comercial y civil, las empresas y los gobiernos civiles al comenzar a explorar las posibilidades invertirían lo equivalente a 13 por ciento.

Asimismo, los trabajos y áreas laborales en las que se están empleando los drones son: en la construcción, a los que se les destina en recursos hasta 11 millones 164 mil dólares; en la agricultura con 5 millones 922 mil dólares; en reclamos de seguros con millones 418 mil dólares; petróleo y gas, un millón 110 mil; policía, 885 mil dólares; servicios de bomberos, 881 mil dólares; guardacostas 511 mil dólares; periodismo, 480 mil dólares; y aduanas y protección de fronteras,  380 mil dólares, entre otras.

¿Cómo controlarlos?

El centro de investigación Ames Research Center, que la agencia espacial estadounidense posee en Silicon Valley, se propuso crear una plataforma para administrar los drones que vuelan a baja altura. Conocida como UTM (UAS Traffic Management), el objetivo es desarrollar un sistema que pueda integrarlos de manera segura en el tráfico aéreo, para que no colisionen entre ellos ni interfieran con helicópteros o el movimiento de los aeropuertos.

Desde 2015 hasta hace unas semanas, los investigadores realizaron cuatro fases distintas de pruebas de campo para incorporar tecnologías que puedan despejar sobre la marcha el espacio aéreo en el que se desplegará cada dron. La clave es mantener los aparatos espaciados de forma segura en sus zonas designadas, pudiendo detectar y evitar choques con otros drones.

La etapa final se centró en uno de los temas más controvertidos: cómo surcarán los drones las zonas urbanas y qué recaudos deberemos tomar. En la ciudad todo es más complicado, hay innumerables obstáculos a evitar, visión reducida, limitaciones para comunicarse por radio y lugares de aterrizaje poco seguros.

Durante los tests se desvió el tráfico para que autos, bicicletas y peatones no se cruzarán con las pequeñas naves y los pilotos de los drones simularon diferentes escenarios que involucraron vuelos múltiples sobre las calles de las ciudades y entre edificios. Se desplegaron un máximo de cinco por vez, aunque otros datos para ir perfeccionado el software se recopilaron utilizando 15 drones simulados por computadora.

En las ciudades, hay riesgo de que parte de ese “diálogo” sea interrumpido por los edificios más altos, que al bloquear la señal podrían provocar indeseados segundos de “silencio de radio”. Para resolverlo, los investigadores están trabajando con las empresas de redes celulares para lograr una mejor recepción de las comunicaciones. Los primeros resultados fueron alentadores, pero aún deben hacerse nuevas pruebas para descartar un temido efecto negativo: las interferencias que podrían generar en smartphones y dispositivos móviles.

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