COMPARTIR:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Carece del desparpajo juvenil de Mark Zuckerberg, de la gallardía de Jeff Bezos o de la personalidad arrolladora de Elon Musk. La puja por compartir un café con él se queda muy lejos de los casi tres millonesde dólares que inversores anónimos pagan por sentarse con Warren Buffett. Pero nada de eso importa. Tim Cook es el consejero delegado de Apple, la empresa más valiosa del mundo, la compañía más rentable, la tecnológica que revolucionó nuestra forma de comunicarnos.

De apariencia serena y talante discreto, muchos dudaron de la capacidad de Cook para mantener la brillantez incombustible de Steve Jobs. Las suspicacias, sin embargo, se disiparon muy pronto, casi al tiempo de que Apple (AAPL) iniciara una subida vertiginosa en Wall Street que le llevó a triplicar su valor en apenas seis años. El mercado tuvo claro entonces que el ascenso fulgurante de la compañía tenía mucho que ver con un directivo obsesionado con el producto que había permanecido durante años a la sombra de Jobs.

Cook asumió las riendas de Apple en 2011 tras la muerte de su carismático fundador. Antes, había ocupado de manera temporal el puesto de consejero delegado durante las bajas médicas de Jobs para tratar su cáncer de páncreas. Cook, estrechamente ligado a su jefe, a quien llegó a ofrecer un trozo de su hígado, gestionaba el día a día de la compañía, en la que ocupaba el puesto de director de Operaciones tras su fichaje en 1998 procedente de Compaq. Previamente, había trabajado en IBM. “Seguí mi instinto”, recordaba el directivo sobre el cambio.

El consejero delegado de Apple era la antítesis de Jobs, pero conocía la manzana desde dentro y la transición fue, en apariencia, fácil. El aura de benevolencia que envuelve a Cook no borra, sin embargo, su obsesión por la calidad y por las cosas bien hechas. Pese a su paciencia, el ejecutivo más poderoso de Estados Unidos y el segundo mejor pagado (cobró USD 150 M  el año pasado) también es implacable. “Las reuniones con Cook pueden ser terribles. Puede preguntar lo mismo a un empleado diez veces seguidas. Si hay un número que está mal, él lo sabrá”, escribe Yukari Iwatani Kane, una experiodista de The Wall Street Journal, en su libro El imperio encantado: Apple después de Steve Jobs.

A Cook no le importan las horasy es capaz de que un encuentro se prolongue eternamente hasta quedarse por satisfecho o mandar un correo electrónico en cualquier momento esperando respuesta.Al sucesor de Jobs tampoco le tembló la mano cuando decidió cerrar las fábricas de Apple y externalizar la producción. “Mis momentos favoritos eran las reuniones con los proveedores”, recordaba un antiguo directivo de Apple a The New York Times. “Si las cosas no estaban bien, Cook les torturaba y exigía mejoras. Al mismo tiempo, tenía buenas relaciones con ellos “.

La firmeza del carácter de Cook no se limita a la compañía y quedó demostrada cuando se enfrentó al FBI negándose a piratear el móvil de un terrorista alegando razones de privacidad. La protección de la intimidad es uno de sus imperativos. Sin embargo, en otra aparente contradicción de su personalidad, se convirtió en el primer consejero delegado del Fortune 500 en declararse homosexual en 2014, poniendo fin a años de especulaciones. “Estoy orgulloso de ser gay. Es un regalo de Dios”, afirmó el directivo en un artículo de opinión publicado en Bloomberg Businessweek.

Pese a sus formas educadas y suaves, Cook es consciente de su poder y tampoco ha dudado en plantar cara al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien intentó convencer, sin éxito, de mantenerse en el Acuerdo de París.

Fuentes: Expansión

COMPARTIR:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

NO COMMENTS

LEAVE A REPLY