Juan Bello, Vicepresidente de Customer Solutions & Advisory Latam de GlobalLogic.
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Por Juan Bello, Vicepresidente de Customer Solutions & Advisory Latam de GlobalLogic.

De un tiempo a esta parte, las ferias tecnológicas más importantes del mundo como el Consumer Electronic Show (CES), de las Vegas, y el Mobile World Congress, que se realiza cada año en Barcelona, parecen confundirse con las ferias de la industria automotriz. Esto se debe a que los automóviles están en el centro de la escena de una transformación que está modificando como nunca antes a las principales características de los coches. Por supuesto, esto es consecuencia de los avances tecnológicos.

Así las cosas, las principales marcas de autos están librando una batalla por ver quién presenta los cambios más disruptivos en los nuevos modelos y que, al mismo tiempo, pueden estar incluidos en automóviles comercialmente disponibles en el mercado. Así es como, entre las innovaciones, se observan motores eléctricos, que son más limpios que los basados en el petróleo hasta vehículos autónomos.

Pero las modificaciones van más allá: la tendencia indica que estos vehículos dejarán de ser un producto a ofrecerse como servicio. Y es que bajo la modalidad del car-sharing, en distintas partes del mundo las personas dejaron de tener su propio coche para contratar el que desean en determinados momentos y pagan solo por eso.

Los cambios van más allá: los coches contarán cada vez más con dispositivos conectados (IoT), sistemas operativos y hasta aplicaciones para comunicarse con smartphone. Además, ya hay autos 100% eléctricos, que incorporan grandes baterías de litio, que están en la parte de abajo del auto. Dado que el motor no produce combustión, no hace ruido ni al encenderlo ni al arrancar y, por supuesto, ya no es necesario que cuenten con caño de escape.

Líderes de ayer y de hoy

En este contexto, las compañías automotrices líderes del futuro podrían no ser las tradicionales, que tienen varias décadas de éxito, puesto que, dado el proceso de disrupción actual, solo sobrevivirán las que se reinventen incorporando las soluciones digitales de una manera inteligente y útil para los usuarios.

En esta carrera están surgiendo nuevos e inesperados jugadores que pueden descolocar a las marcas tradicionales como Ford o Chevrolet, por mencionar solo dos casos. Uno de ellos es Google, que está trabajando con los autos autónomos desde 2009 y Tesla ya cuenta con varios modelos en las rutas de varios países del mundo.

Para mantener su vigencia y competitividad, las automotrices deberían poner el foco en algunas cuestiones de manera ineludible, entre ellas, dejar de lado los motores de combustión interna (ICE) para optar por otros sistemas que no contaminen, y que revean su diseño ya que el usuario no estará al volante. Por otra parte, los sistemas operativos tendrán que ser fáciles de usar y con altísimos estándares de calidad para garantizar los sistemas de seguridad informática y evitar estar en el blanco de los ciberdelincuentes. Por supuesto, también deberán poner el foco en ofrecer las máximas normas de seguridad en caso de accidentes.

Esta disrupción no es cosa del futuro, sino del presente. Un claro ejemplo de esto es que Volkswagen está atravesando una profunda crisis del diésel por multas que tuvo que enfrentar por problemas en su producción a pesar de que en 2017 ganó más del doble que en 2016. En tanto, el Grupo Ford vendió en Estados Unidos 194.132 vehículos en febrero, un 6,9 % menos que en el mismo mes de 2017, según informó el propio fabricante.

Es cierto que esta marca está concentrada en el desarrollo de vehículos tanto híbridos como autónomos. Además, tanto BMW como Hyundai están trabajando codo a codo con partners tecnológicos como Google, Qualcomm, Ericsson, Microsoft y Amazon, entre otros, para incorporar en algunos modelos asistentes personales basado en inteligencia artificial.

Por su parte, Toyota acaba de anunciar que está desarrollando su propio software para incorporar a los modelos autónomos. En síntesis, estamos viviendo una etapa singular en la industria automotriz y, aunque es fácil vaticinar las nuevas soluciones tecnológicas que se están incorporando y aquellas susceptibles a sumarse, nadie sabe, a ciencia cierta, quienes serán los fabricantes más poderosos en los próximos años.

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