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La gente lo cuenta (casi) todo en las redes sociales. Sobre sus estudios, sus trabajos, sus relaciones personales, sus momentos de ocio, su consumo… Por supuesto, también sobre sus valores, su ideología, sus preferencias políticas, etc. A pesar de que hay culturas más discretas o reservadas y otras que son más abiertas y extrovertidas, esta manera de comportarse en Facebook, Youtube, Twitter, Instagram, etc. se ha extendido por el mundo. Empresas y entidades gubernamentales como la popular Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos han incorporado estas plataformas al repertorio de fuentes que consultan regularmente.

En este contexto, la inteligencia artificial les permite llegar más lejos de lo que podrían haber imaginado hace pocos años. El organismo norteamericano coopera estrechamente con el gigante tecnológico Intel desde 1947. Los avances informáticos han ido mejorando este proceso. Pero los métodos empleados hasta ahora son muy laboriosos y, a menudo, lentos. Para que los resultados sean óptimos, lo ideal es manejar grandes cantidades de datos. Así deberían prevenirse guerras, atentados terroristas, incidentes…

Los métodos empleados hasta ahora para rastrear las plataformas 2.0 son muy laboriosos y, a menudo, lentos.

Exactamente para eso sirve la automatización de tareas. He aquí el punto de inflexión en esta misión. Según ha revelado la subdirectora de desarrollo tecnológico de la CIA, Dawn Meyerriecks, la agencia tiene actualmente 137 proyectos de inteligencia artificial en marcha. Uno de los polos digitales privilegiados es Silicon Valley. Pues bien, esta área de la Administración estadounidense tiene suscritos numerosos programas de colaboración con emprendedores de allí.

Son ellos quienes facilitan que los agentes accedan a la información de millones de perfiles y cuentas, que la filtren y que la interpreten en función de sus necesidades. En cualquier caso, para que estos engranajes empiecen a rodar, alguien debe activarlos. Y eso nos lleva de nuevo a usuarios, anónimos o conocidos. En realidad, estas agencias siempre han hecho lo mismo. “Lo nuevo es el volumen y la velocidad en la recolección de datos”, señala Joseph Gartin, responsable de la Escuela Sherman Kent, un centro de análisis de inteligencia al servicio de la CIA que cobró una gran relevancia a escala internacional tras el 11S.

La agencia tiene actualmente 137 proyectos de inteligencia artificial en marcha.

“El comportamiento humano son datos y la inteligencia artificial es un modelo de datos”, añade el jefe de operaciones de Stabilitas, Chris Hurst. Evidentemente, los profesionales de estas instituciones aplican al resto de entornos por los que se mueven unos sistemas y unas fórmulas similares a las que rastrean los medios 2.0. El director de la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial, Robert Cardillo, explica: “Si intentásemos explorar manualmente las imágenes de un satélite comercial que esperamos tener en los próximos 20 años, nos harían falta ocho millones de analistas”.

Gracias a la inteligencia artificial, el 75% de esta carga descansa, con la máxima eficiencia, sobre las máquinas, no sobre las personas. Prácticamente ningún país puede competir con Estados Unidos en esta carrera, ni siquiera Rusia. Sea como fuere, se está dando un impulso global en el que participan naciones de ambos hemisferios. Por esta razón, el propio presidente Vladimir Putin ha dicho: “Quienquiera que se convierta en el líder en inteligencia artificial será el gobernante del mundo”.

Putin, consciente de la desventaja de Rusia en este terreno, reconoce que quien lidere esta carrera será “el gobernante del mundo”

Fuente: La Vangurdia Es

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