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Las medidas extraordinarias contra la propagación de la covid-19 han dado un inesperado protagonismo a policías y militares.

El coronavirus parece hecho a medida para los gobiernos y políticos autoritarios que han proliferado en los últimos años. Mientras varios de ellos no creyeron inicialmente en su gravedad, ahora les podría servir para recortar libertades democráticas, dar renovados papeles a los militares, cerrar las fronteras a la migración y exaltar el nacionalismo frente a la cooperación entre países.

El covid-19 coincide con la tendencia global a contar con menos democracias. Desde 2006, según el instituto Freedom House, 64 países son menos democráticos mientras que sólo 37 gozan de más libertades.

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La presencia de efectivos militares haciendo tareas civiles genera inquietudes, especialmente en países donde han tenido o tienen control e influencia sobre el poder político.

“Una vez que las fuerzas armadas salen de sus marcos institucionales es muy difícil que retornen a los mismos, ya que su desprofesionalización las ha convertido en otra cosa”, me explica Augusto Varas, presidente de la Fundación Equitas (Chile) y experto en cuestiones militares.

Las necesidades de control social han empoderado a las armas. El fenómeno no es homogéneo en la región, pero sigue como patrón que los uniformados han tomado el control de las calles. “En los países donde las Fuerzas Armadas ya tenían un rol importante, como Brasil, México, Perú, Bolivia y Colombia el coronavirus acentuó ese rol. En el caso de México, por ejemplo, hasta se les cedieron puertos y autopistas”, dice el politólogo argentino y experto en seguridad Fabián Calle. Los uniformados han sumado protagonismo sin ruido, como si la gente considerase el nuevo status quo una consecuencia natural e inevitable de la pandemia.

El caso más paradigmático de este creciente poder ha sido Brasil. El coqueteo del presidente Jair Bolsonaro con los uniformados les ha dado una visibilidad sin precedentes en democracia. Su vicepresidente, Hamilton Mourão, es un general en retiro y 10 de sus 23 ministros han pasado por los cuarteles. En el gabinete castrense destaca el ministro de Salud, Eduardo Pazuello, un militar experto en logística que poco sabe de política sanitaria.

La profesora Arlene B. Tickner, de la Universidad del Rosario, en Bogotá, me escribe lo siguiente: “En cualquier tipo de cultura política (democrática o no) cuando existe alguna combinación de incertidumbre, inseguridad y miedo, los ciudadanos por lo general están más dispuestos a sacrificar ciertas libertades y hasta pueden llegar a pedir (sin necesariamente tener conciencia de ello) que el Estado se las quite”.

En Estados Unidos, por ejemplo, los ciudadanos empezaron a exigir a los gobernadores republicanos que ordenaran no salir de los hogares.

Sin embargo, Tickner matiza que, generalmente, “son los mismos Estados (junto con gobiernos, legisladores y partidos políticos) los que instrumentalizan el miedo (y la percepción de inseguridad) con fines políticos para justificar la necesidad de medidas que constriñen algunas libertades con el fin de combatir una “amenaza” existencial”.

Fabián Calle no cree que estemos ante semejante posibilidad, pero reconoce que las cosas ya no serán como antes de la pandemia. “Hay Estados débiles, burocracias poco eficientes y crecientes problemas. Todos los gobiernos terminan recurriendo a una de las pocas burocracias ordenadas y con cadena de mando que, además, funciona. Pero no hay ningún salto al poder. Lo que habrá serán más recursos económicos y más influencia, porque esto no será gratis”, advierte.

Andrés Manuel López Obrador, pasó de defender en campaña que volviesen a los cuarteles ante el fracaso de la conocida como guerra contra el narcotráfico, a otorgarle el control de diversas instancias de la Administración, como las aduanas y los puertos. A ello se suma una mayor presencia en las calles, con la Guardia Nacional, el cuerpo creado y con un cambio en la legislación que les permite actuar en asuntos de seguridad pública.

La policía de la provincia de Buenos Aires, en Argentina, ya ha cobrado la cuenta. Durante tres días, policías armados realizaron una huelga sin precedentes que terminó con una subida de salarios. La “bonaerense”, como se la conoce, es una fuerza de 90.000 hombres en activo con un largo historial de excesos y corrupción que ningún Gobierno ha logrado controlar. La de Buenos Aires se levantó ahora con el argumento de que la pandemia había limado sus ingresos (sin fútbol y espectáculos terminaron las horas extras), mientras que su trabajo se había multiplicado por el control de la cuarentena.

El coronavirus no es lo único que ha dado un papel protagónico a las fuerzas de seguridad en el último año. En Bolivia, la presión de la policía fue el detonante para forzar la salida del entonces presidente Evo Morales. En Colombia, el asesinato de un joven tras un disparo de los antidisturbios volvió a poner de manifiesto los excesos policiales.

La policía militar chilena también está en la calle, pero por orden del Gobierno. Este viernes, el presidente Sebastián Piñera decidió extender por otros 90 días el estado de excepción en todo el territorio. El Ejecutivo justificó la decisión por la covid-19, pero sobrevuela el fantasma del desorden público.

La crisis sanitaria no se resuelve con militares en las calles. Es un exceso y, al mismo tiempo, desvela la incapacidad de las autoridades para establecer normas básicas de seguridad ciudadana”, señala el chileno Gabriel Gaspar, analista político y exsubsecretario de Fuerzas Armadas del segundo Gobierno de Michelle Bachelet (2014-2018). Para el diplomático, en su país se ha empujado a los militares “a patrullar a los chilenos, cuando las Fuerzas Armadas están diseñadas más bien para defenderlos”.

Sigue la pandemia en vivo aquí

Coronavirus hoy (09:00 pm Argentina)

Casos totales: 29.145.068

Fallecidos totales: 926.019

Recuperados totales: 19.681.709

Latam: casos totales/fallecidos totales

Brasil: 4.330.455/131.625

Perú: 729.619/30.710

Chile: 436.433/12.013

México: 668.381/70.821

Colombia: 716.319/22.924

Argentina: 565.446/11.667

 

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