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Las ventas de robots en Norteamérica han aumentado en casi un tercio (32%) en el último año, y eso es después de un año récord en 2016. Es el trimestre más fuerte para la industria robótica en la historia, según la Asociación de Industrias Robóticas (RIA), que recopiló las cifras.

Casi 10.000 robots, con un valor de más de US$ 500 millones, fueron pedidos a compañías norteamericanas de robótica durante el primer trimestre de 2017. En 2016, se ordenaron 7.406, por un valor aproximado de US$ 402 millones.

La RIA estima que 250.000 robots están en uso en la actualidad en EEUU, el tercer mayor comprador de robots detrás de Japón y China.

La consultora ABI Research indica que los embarques de robots industriales podrían alcanzar los US$ 45.000 millones para 2025, con una tasa de crecimiento anual del 16%.

Las empresas compran robots con el fin de aumentar la productividad y aumentar la competitividad. Mientras tanto, los robots han sido cada vez más pequeños y más baratos, lo que está ayuda a impulsar las ventas.

Los mayores compradores de robots son fabricantes de automóviles, pero también están siendo utilizados en otras industrias, incluyendo metales, electrónica, alimentos y bienes de consumo.

Pero, ¿qué pasará con los trabajadores humanos?

La respuesta no es tan simple. Ciertamente se perderán trabajos a mano de la automatización –se estiman unos cinco millones para 2020- pero también habrá oportunidades.

Según la Oficina Nacional de Investigación Económica de EEUU, un robot industrial reduce el empleo local en aproximadamente seis trabajadores, y reduce los salarios en aproximadamente medio punto porcentual.

Sin embargo, muchos de los trabajos que se perderán estarán en las industrias manufactureras menos productivas. Los robots hacen la fabricación más barata, lo que significa que las empresas pueden mantener sus fábricas en sus países de origen, en lugar de buscar alternativas más baratas en el extranjero.

De acuerdo con un informe del año pasado de McKinsey & Co, muy pocos puestos de trabajo se perderán por completo, al menos en la próxima década. Sin embargo, cada trabajo se verá afectado en mayor o menor grado. Por ejemplo, los trabajos donde las tareas son predecibles, como en una cadena de montaje, son mucho más vulnerables a la automatización que el trabajo impredecible, como la silvicultura o la construcción. Los trabajos en la gerencia serán los menos afectados.

Los trabajadores que pierden sus empleos tendrán que ser entrenados con el fin de prepararlos para nuevos roles que serán creados por la automatización. Y como los robots se hacen cargo de las tareas más repetitivas y arduas, los seres humanos estarán en roles menos exigentes físicamente, y algunos trabajarán junto a los “colegas” robot.

¿Qué piensan los expertos?

Los CEOs de alto perfil han pensado en soluciones para las posibles pérdidas de puestos de trabajo. Bill Gates ha pedido un impuesto sobre los robots, que obligaría a las empresas a pagar cuando reemplazan a un trabajador con un robot.

Elon Musk cree que los gobiernos tendrán que dar a la gente un ingreso universal. El CEO de General Electric, Jeff Immelt, sostiene que tanto el sector público como el privado deben centrarse en la formación de los trabajadores en nuevas habilidades.

Otros son más optimistas. Martin Feldstein, profesor de economía de la Universidad de Harvard, dice que, en última instancia, la revolución robótica beneficiará a todos.

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