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La obesidad infantil se está transformando en un problema social en todo el mundo. Esta enfermedad crónica conlleva a que dicho niño, en el futuro pueda presentar enfermedades asociadas como diabetes e hipertensión arterial si no te trata a tiempo la obesidad.

El estudio fue llevado a cabo en 480 niños españoles con obesidad infantil severa, por un grupo de científicos de las Universidades de Pompeu Fabra (UPF) y la Autónoma de Madrid (UAM), en el cual se revelan mutaciones en genes relacionados con la regulación hipotalámica del apetito. Uno de los genes encontrado se asocia además al trastorno de déficit de atención e hiperactividad.

“La mayoría de las variantes genéticas detectadas asociadas a obesidad han sido heredadas por parte de uno de los padres con obesidad más moderada, y probablemente tienen un efecto dominante”, asegura Luis Alberto Pérez Jurado, líder de la investigación y jefe de la Unidad de Genética de la Universidad Pompeu Fabra y de un grupo del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER) del Instituto de Salud Carlos III. “La combinación de la carga genética con el ambiente claramente “obesogénico” que ha surgido en los últimos años con las sociedades industrializadas seguramente explica el hecho de que la enfermedad se expresa de forma más evidente en los hijos que en los padres.”

Varios de los genes descubiertos presentan funciones interrelacionadas con la regulación del apetito, la sensación de saciedad y procesos hormonales. GRIK1 y GRM7 son miembros de la familia de receptores de glutamato, que tienen varios papeles en la fisiología del sistema nervioso central, uno de ellos la regulación del balance de energía y la ingesta. Según Pérez Jurado, “en estudios con ratones se ha visto que la ausencia de otro receptor de glutamato de la misma familia (mGLUR5) lleva a un descenso considerable en el peso”. GRPR es el gen que da lugar al receptor de la gastrina, una hormona encargada de facilitar la digestión en el estómago y promover la sensación de saciedad. “El mal funcionamiento del gen GRPR puede causar dificultades para sentirse saciado y, en consecuencia, provocar una mayor ingesta de comida”, comenta Pérez Jurado. Por otro lado, el gen SLOC4C1 está involucrado, entre otras funciones, en el transporte de las hormonas tiroideas. Estas hormonas se han relacionado en numerosas ocasiones con variaciones de peso, siendo el hipotiroidismo una causa frecuente de sobrepeso.

Por último, los científicos han encontrado una variante en el gen NPY en una familia con varios casos de obesidad severa en al menos tres generaciones, con los varones presentando además un trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). “El gen NPY da lugar a un péptido con funciones moduladoras en el control del balance energético y la conducta, incluyendo la conducta alimentaria. Por este motivo, no resulta extraño que exista un vínculo entre el TDAH y la obesidad, dado que ambos pueden estar causados por trastornos de conducta regulados por el mismo gen”, comenta Clara Serra, primera firmante del artículo e investigadora de la Universidad Pompeu Fabra.

La obesidad es una enfermedad que conlleva a uno de los mayores gastos en salud pública de los países occidentales, por lo que la educación que fomenta los buenos hábitos alimentarios es imprescindible, asociada al estudio de la carga genética que cada niño carga en su ADN, para entender mejor como resolverla.

 

 

 

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