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La llegada de nuevos competidores con modelos completamente diferentes, la creciente importancia  de la gratuidad y la colaboración masiva y sobre todo el poder de los clientes y usuarios está transformando radicalmente el mundo en el que vivimos. Los impactos se pueden apreciars en varios aspectos:

Los costes marginales tienden a cero

Jeremy Rifkin  sostiene en su libro “La sociedad de coste marginal cero” que, en la economía de la abundancia, la gratuidad, la colaboración desinteresada o la integración vertical en nuevos modelos de negocio cuestionan la esencia misma del sistema capitalista y del modelo productivo.

Rifkin  propone una economía híbrida en la que conviven un mercado capitalista y en parte procomún colaborativo, en el que la gratuidad es una parte de la estrategia de las corporaciones ya sea como herramienta de marketing o como forma de crear comunidad.

Industrias concretas se enfrentan a transformaciones radicales en este sentido. Ejemplo de esto podría ser el sector telco con la entrada primero de Skype y luego de Whatsapp, acabando con el negocio de los SMS.

Los competidores pueden estar en todas partes

En la disrupción digital los pequeños enemigos con los más peligrosos porque suelen ser más flexibles, rápidos y productivos. Las empresas nacidas en el contexto digital tienen una clara orientación a servicios y además viven en un modelo de cambio constante que facilita la innovación continua.

Se podría decir que, en un momento como el actual es más caro pensar si tienes que hacer las cosas que hacerlas directamente. Las empresas tradicionales deben transformarse para dotarse de esta flexibilidad, imbuirse de la cultura del prototipo, dejar de tener miedo a equivocarse, empezar a entender que no decidir es hoy la peor decisión.

El cliente tiene el poder

Una de las mayores transformaciones de la disrupción digital es el nuevo poder del cliente que una vez fue mudo e invisible y hoy quiere ser visto y escuchado.

Las organizaciones tienen que entender que el cliente va a jugar un rol central en todo el ciclo de vida de los productos y servicios, y deben empezar a transformarse en comunidades, en plataformas de cocreación de valor en las que la experiencia de usuario pasa por ser capaz de decidir, de transformar, de construir.

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