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Una nueva evaluación científica del cambio climático en el Ártico, realizada por el Programa de Monitoreo y Evaluación del Ártico (AMAP) del Consejo Ártico, concluye que esta región del planeta está cambiando rápidamente y de forma inesperada hacia un nuevo estado.

Por suerte, el informe deja lugar para la esperanza, al asegurar que la implementación del Acuerdo de París de 2015 puede limitar esos efectos. A pesar de que se logren reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático, el Ártico seguirá experimentando cambios. Sin embargo, si esas reducciones son lo suficientemente ambiciosas como establece el acuerdo, se limitarán de manera importante los cambios en el Ártico a partir de la segunda mitad de siglo.

Casi un centenar de científicos han participado en la elaboración de este informe cuyo objetivo es guiar la acción política de los ocho países miembro del Consejo Ártico, es decir, Canadá, Dinamarca (más Groenlandia e Islas Faroe), Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y Estados Unidos.

Según el informe el calentamiento global se está sintiendo de manera más crítica en el Ártico que en otras zonas del planeta. Las temperaturas récord registradas en los últimos años están provocando una aceleración del deshielo y del derretimiento de la nieve, de los glaciares y del permafrost, que es la capa de suelo congelado. Los científicos nos recuerdan además que el Ártico funciona como una especie de regulador climático, jugando un rol importante en el clima y la meteorología a nivel mundial así como en el aumento del nivel del mar.

 

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