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“Billón” es una palabra preciosa. En castellano significa un millón de millones, pero los angloparlantes la utilizan para designar el millardo, mil millones. De momento no hay ninguna compañía valorada en un billón en castellano, aunque Apple está muy cerca de conseguirlo y durante la burbuja de las “puntocom” Microsoft superó de forma efímera la cifra si ajustamos por inflación.

Vivimos tiempos en los que las cinco compañías más valoradas del mercado a nivel mundial son todas tecnológicas por primera vez en la historia. Puestos otrora exclusivos de compañías petrolíferas o bancos y, antes, a compañías estatales transoceánicas mercantiles con lazos a la esclavitud.

Las cinco compañías más grandes hoy son Apple, Alphabet (matriz de Google), Microsoft, Amazon, Facebook. Especialmente curioso es el caso de esta última que solo lleva cinco años en bolsa y no existía en 2004. Las mareas sin límites de Internet hace subir a todos los barcos, nuevos y viejos.

La crisis financiera de 2008 y el declive continuado del precio del petróleo por múltiples factores se ha llevado por delante el dominio de bancos y petroleras. En 2004 Apple era una pequeña compañía con una valoración similar a la que hoy tiene AENA, la empresa gestora público-privada de los aeropuertos españoles. Por entonces, la compañía fundada por Steve Jobs vendía una cosa llamada iPod y canciones sueltas en mp3 a 0,99 dólares.

Antes del iPhone, Apple no valía mucho más de lo que vale una “pequeña” compañía como AENA hoy

En 2004 Google acababa de ser rechazada por Yahoo, que no quiso gastarse 1.000 millones de dólares en adquirir el motor de búsqueda. La compañía empezó a generar unos importantes redes publicitarias, servicios de email, compró YouTube y Android un poco más adelante y el resto es historia.

Cuando Microsoft tocó techo en 1999, Mark Zuckerberg estaba empezando sus años de instituto con 15 años. Otros 15 años después, la compañía que fundó no está muy lejos de la fundada por Bill Gates, y ha adelantado por la derecha a varios de los bancos que en su momento se negaron a financiar su “red social universitaria” — fuese eso lo que fuese.

Facebook, fundada hace poco más de una década, es la quinta mayor empresa del mundo

Pero los americanos no están solos. Alibaba y Tencent son, junto a Baidu, los tres gigantes chinos de tecnología. Aupados por un mercado interno boyante y unos tentáculos financieros de inversión internacionales. No solo están en el top 10 de empresas más valoradas a nivel mundial, están increíblemente bien posicionadas para los grandes fuentes de ingresos que vienen: varias ramas de inteligencia artificial, comercio electrónico, entretenimiento digital o transporte autónomo.

Sin embargo, hablamos del mercado y sus valoraciones, que sopesan movimientos a futuro en sus cálculos. Si medimos a las empresas por ingresos anuales, solo Apple consigue entrar entre los diez primeros. Y este es precisamente, el quid de la cuestión.

Generan muchos más beneficios a pesar de tener una fracción de los empleados que la industria tradicional, un dato que preocupa a los gobiernos

Con apenas 100.000 empleados, la mayoría de ellos en sus centenares de tiendas por todo el mundo, Apple genera casi los mismos ingresos que el grupo Volkswagen que tiene seis veces más empleados. Son casos extremos que ejemplifican la capacidad escala de las tecnológicas.

Dejando atrás los ingresos totales y centrándonos en beneficios netos, las comparaciones empiezan a ser desastrosas. En 2016 Google generó más beneficios que el grupo Toyota a pesar de contar con siete veces menos empleados. Esta acumulación de poder adquisitivo en un sector concreto del mercado puede llevar a problemas de diversificación en el futuro.

Con pocos empleados y grandes beneficios trimestrales —exceptuando a Amazon— estas cinco grandes compañías muestran un paradigma complicado. Los gobiernos ven como las grandes industrias generadoras de empleo del pasado y del presente sufren en un mercado dominado por la automatización, precisamente la misma mecánica que hace crecer más y más a las tecnológicas.

Los cambios de paradigma fiscal y de empleo forzarán una nueva relación entre estados y multinacionales.

 

Fuente: La Vanguardia Es

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