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Enfundado en un sweater color rosa, y debajo de éste una camisa azul que sólo enfatizan lo cool y desenfadado que ha sido siempre, Bill Gates, el empresario, el filántropo y fundador de Microsoft, una de las compañías puntales en el desarrollo de la Era de Internet, suelta un mea culpa que acaso no se vuelve viral por todo lo que implica: en términos financieros un mercado de 400,000 millones de dólares; en cuanto a su ego, una derrota que equivale al Waterloo de Napoleón o a la Stalingrado de Hitler.

“Mi más grande error es lo que haya sido la mala administración en la que me involucré y que causó que Microsoft no fuera lo que Android es”, espetó Gates a su interlocutora durante una entrevista en la compañía de capital de riesgo Village Global en días recientes.

¿Y qué es Android?

En palabras de Gates: “Es la plataforma telefónica standard que no es Apple. En ese sentido, para Microsoft ganar era algo natural. Es simple: el ganador se lleva todo. Y si estás ahí con la mitad de muchas aplicaciones o el 90% de muchas aplicaciones, estás en camino de alcanzar tu destino. Ahí hay lugar para un sistema operativo que no es de Apple y… ¿cuánto vale? ¡Cuatrocientos mil millones (de dólares) que serán transferidos de la compañía G a la compañía M!”

A toro pasado es muy fácil encandilar culpas, aunque uno mismo sea el depositario de ellas. En su diatriba en Village Global, Gates toma una cruz y se la coloca en la espalda, pero no para hacer de Mesías sino de mártir: no entendió o no quiso entender o pasó por alto la compra que hizo Google por sólo 50 millones de dólares en el año 2005 de la plataforma Android y que, a la larga, resultaría en menoscabo de los esfuerzos de Windows Mobile, la división de Microsoft que hoy es algo menos que los X-Files, ese departamento al que fueron asignados Fox Mulder y Dana Scully tan sólo para ser sepultados y olvidados.

“En el mundo del software, en especial si nos referimos a plataformas, hablamos de mercados en los que el ganador se lleva todo”, soltó Gates en Village Global. El punto es que pese a que en ese lejano 2005 sabía que las baterías de Google estarían enfocadas en aplastar el desarrollo de Windows Mobile, él desvió la mirada en tanto ignoraba lo que habría de ocurrir dos años más tarde: la aparición de un Unicornio llamado iPhone que cambiaría el curso de la guerra.

Para entonces él ya había abandonado la posición de CEO en Microsoft, lugar que cedió a Steve Ballmer, el hombre que se burló del iPhone por no disponer de un teclado y ser el teléfono más caro del mundo. Pese a que quien por convicción hoy carga la cruz es Gates, a quien habría que crucificar es a Ballmer.

Visto en retrospectiva el mea culpa de Gates parece llegar tarde, si bien es usual que el arrepentimiento llegue tarde. Dividido el mundo de la telefonía móvil en dos polos, Android y iOS, cabría preguntarse si verdaderamente, de haberlo querido, Windows Mobile se habría convertido en esa plataforma telefónica standard que no es Apple en detrimento de Google y Android, o si hoy la Tierra, en lugar de eso, estaría dividida en tres partes.

Como sea, gracias por tu honestidad, Bill.

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