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Aunque se ha avanzado mucho en relación al tratamiento de la diabetes 1, el control de la glucemia a través de la aplicación de insulina no varió, lo que conlleva a que los pacientes deban inyectarse la misma varias veces al día.

Científicos de la Universidad de Harvard (EEUU) han desarrollado un método que permite administrar de forma oral la insulina, gracias a unas cápsulas que la protegen y permiten su liberación en el momento oportuno. De momento, sólo han probado estas pastillas en estudios con ratas, pero sus resultados son prometedores. Ha habido muchos intentos de fabricar ‘pastillas’ de insulina en el pasado, explica Samir Mitragotri, profesor de Bioingeniería en la John A. Paulson School fo Engineering and Applied Sciences de Harvard y principal firmante del trabajo.

“El estómago contiene ácidos y enzimas que digieren las proteínas. Esto ayuda a la digestión de la comida, pero cuando proteínas terapéuticas como la insulina llegan allí, lo que pasa es que se degradan a causa de esta acción. Además, aunque parte de la insulina consiga llegar al intestino, las paredes impiden su transporte hacia la sangre. Y, por si esto fuera poco, hay una tercera barrera en las uniones de las células del intestino que terminan de hacer que no lleguen cantidades significativas de insulina administrada por vía oral al flujo sanguíneo”, explica Mitragotri.

Los científicos han logrado superar estas barreras colocando la insulina en una formulación basada en líquidos iónicos, un compuesto de sales que “reducen la degradación enzimática y favorecen el trasporte a través de las paredes intestinales”. Pero, además, introdujeron esta solución en una cápsula con un recubrimiento entérico, que impide la liberación del principio activo hasta que el medicamento llegue al intestino.

“Suelo decir que nuestra estrategia es como una navaja suiza, ya que contiene varias herramientas en una. Es una tecnología con varias aplicaciones”, expone. En los estudios en animales, la insulina administrada por vía oral consiguió producir reducciones significativas de los niveles de glucosa -por ejemplo se observó una reducción del 65% a las dos horas-que, además, se mantenían en el tiempo, lo que “demuestran su potencial para su desarrollo como formulación de larga duración”. “Hacen falta más estudios sobre su seguridad y eficacia”, confirma Mitragotri, “pero creemos que este enfoque podría superar a las inyecciones en el futuro”. Antes de empezar las investigaciones en humanos, el equipo deberá demostrar su seguridad y eficacia en estudios con animales más grandes, por lo que, aunque el método consiga superar todos los ensayos, no estará disponible a muy corto plazo en la práctica clínica.

Por otro lado, los investigadores también han demostrado que esta insulina oral permanece estable y en buenas condiciones a temperatura ambiente durante unos dos meses y puede conservarse hasta cuatro si se refrigera a 4ºC. Para Ignacio Conget, investigador del CIBERDEM, una red de científicos que estudian la diabetes, la estrategia “es muy interesante”, ya que, además de proporcionar una “mayor comodidad para los pacientes”, este método “añade otra ventaja adicional”: que la insulina consigue llegar con mayor rapidez al hígado. “Cuando se inyecta, la insulina, antes del hígado, pasa primero por la circulación general. Por la vía oral, la llegada a este órgano, donde la insulina es fundamental, es mucho más rápida”.

Habrá que esperar su ensayo clínico en primates para acercarnos más a la posibilidad en humanos.

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