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La pandemia del coronavirus tiene muchas otras facetas aparte de la crisis sanitaria. Una de las más preocupantes tiene que ver con la tasa de desempleo que el aislamiento de la cuarentena está produciendo.

Ante la recesión económica, los gobiernos europeos están aumentando el número de medidas de trabajo a corto plazo. Objetivo: evitar despidos en seco para permitir un reinicio rápido después del frenazo de la actividad actual.

En Noruega, la tasa de desempleo pasó del 2,3% de la población activa al 10,4% en un mes, un récord desde la Segunda Guerra Mundial. En Austria, 163,000 nuevos inscritos llegaron a los servicios de empleo en diez días, un salto del 40%. En Suecia, solo durante la semana del 16 al 22 de marzo, 14,000 empleados recibieron notificación de despido, en comparación con el promedio habitual de 3,000 por mes.

A medida que la pandemia de coronavirus se extiende, obligando a la economía a detenerse repentinamente, reaparece el espectro del desempleo masivo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que podría haber entre 5 y 25 millones de desempleados adicionales en todo el mundo, dependiendo del escenario económico, la mitad de los cuales en los países más desarrollados.

Qué pasa en Estados Unidos

Más de 6,6 millones de estadounidenses solicitaron prestaciones de desempleo la semana pasada, estableciendo por segunda semana consecutiva un récord histórico que marca el enorme impacto en el mercado laboral de las medidas de confinamiento. Si se suman los datos de esta semana y la pasada, publicados por el Departamento de Trabajo, son casi 10 millones de personas las que han pedido la prestación en 15 días. Hasta ahora, la peor semana había sido en 1982, cuando se registraron 685.000 peticiones.

Cada nuevo dato contribuye a dibujar un escenario sin precedentes, en términos de la profundidad y la rapidez del impacto. Más personas han solicitado la prestación de desempleo en las pasadas dos semanas que durante los seis primeros meses de la Gran Recesión.

Los analistas advierten de que el número verdadero de personas que se han quedado sin trabajo es aún mayor de lo que indican las cifras del Departamento de Trabajo, pues muchos desempleados aún no han podido tramitar su solicitud de prestación y muchos Estados aún no han podido tramitar todas las solicitudes. Se teme, además, que el número seguirá creciendo en los próximas semanas, pues el paquete de rescate federal, valorado en 2,2 billones de dólares y aprobado la semana pasada, permitirá a contratistas y autónomos solicitar la prestación.

En el mes de febrero, la tasa de desempleo era del 3,5%, la mínima en los últimos cincuenta años. Pero los expertos temen que, en vista de los datos de prestaciones de desempleo publicados desde la explosión de la crisis del coronavirus, la tasa podría llegar al 10%, algo solo visto en octubre de 2010, cuando más duro era el golpe de la Gran Recesión.

¿Y en Latinoamérica?

En un anuncio días anteriores la Cepal evidenció que le  preocupa que hay una gran cantidad de gente que puede quedarse sin empleo y sin ingresos, ese es el tema central.

Todo ello repercutirá en un aumento de hasta el 10% del desempleo. La pobreza en la región podría alcanzar a 220 millones de personas.

Según Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe de las Naciones Unidas: “Hemos calculado que en la región hay un 32,7% de personas que trabajan por cuenta propia, que son no calificados y que, fundamentalmente, están en la informalidad.”

En la Cepal nosotros estamos monitoreando lo que están haciendo los países y tratando de ver cuáles pueden ser las mejores opciones, proponiendo también, que, por ejemplo, se levanten las sanciones a Venezuela y a Cuba, al menos temporalmente.

No podemos aislar a estos dos países de la llegada de farmacéuticos, de combustible, de comida… Son países que importan prácticamente el 100% de sus alimentos y creo que estas son medidas concretas que deberíamos vigilar y tomar.

Porque, independientemente de lo que después se pueda decir políticamente, que obviamente se tendrá que analizar más adelante; en este momento hay una emergencia y es muy importante plantearlo.

Es fundamental el llamado al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial para que consideren sinceramente posponer el pago de las deudas externas e incluso, en los casos de los países con menores recursos, la condonación de las deudas bilaterales y multilaterales.

Pienso que los países deben planificar, por lo menos, para los próximos seis meses. La OMS hablaba de 12 semanas, pero quizá sean 24, ¿verdad? Y además, en el hemisferio sur estamos entrando hacia el invierno…

Va a haber una gran recesión a nivel mundial en los próximos seis meses, que los gobiernos tienen que prepararse y apuntalar a los hogares más pobres, a los que no tienen ingresos, a la informalidad… Para eso hay que prepararse, por lo menos, para los próximos seis meses.”

La crisis aumentará el empleo informal, que ya era del 53,1% en 2016, y las familias más pobres tendrán que enviar a sus hijos a trabajar incrementando las tasas de trabajo infantil y de baja o nula escolaridad.

Los gobiernos se encuentran hoy tan acuciados por el avance vertiginoso de la enfermedad que no están pudiendo ver con claridad la próxima pandemia que se avecina.

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