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La pandemia ha demostrado que la inclusión financiera digital no puede depender de los servicios de retiro de efectivo. También ha dejado más a la vista que nunca la gran brecha digital y económica que existe en la sociedad.

Un sistema financiero digital resistente requiere tanto la propiedad de una cuenta expansiva como un ecosistema digital más amplio para que los destinatarios puedan usar el dinero de su cuenta para pagar sus facturas, comprar alimentos y enviar dinero a los familiares que lo necesiten.

“Es evidente que promover y educar sobre el cambio representa muchos desafíos y la carga y la adaptación es de toda la empresa y afecta incluso a aquellos que incluso no participaron de la toma de decisiones. Sin embargo debemos tener en cuenta la resistencia al cambio es una inclinación humana natural. Por lo tanto, independientemente de la escala, la transformación requiere un enfoque muy estratégico y bien planeado,” dice Federico Gómez Schumacher, GM de PayPal América Latina.

Hay obstáculos para la adopción de servicios financieros digitales. Entre los más importantes se encuentra la confianza. Aproximadamente la mitad de todos los adultos no bancarizados en América Latina informan no tener una cuenta porque no confían en las instituciones financieras. Los pagos de ayuda digital covid-19 ofrecen grandes oportunidades para construir esa confianza.

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La transición hacia los servicios financieros digitales ya estaba contribuyendo a mejorar la inclusión financiera en las sociedades antes de la pandemia, algo que beneficia a muchos hogares de bajo ingreso y pequeñas empresas que suelen tener poco acceso a las instituciones financieras tradicionales. Los confinamientos y el distanciamiento social están acelerando el uso de estos servicios.

Para lograr una recuperación más inclusiva se necesita la igualdad de acceso a las infraestructuras digitales (electricidad, cobertura móvil y de Internet e identificación digital), una mayor alfabetización financiera y digital y datos que no estén sesgados o distorsionados.

Es importante garantizar que la competitividad en el sector de tecnofinanzas siga teniendo un nivel que permita aprovechar al máximo las ventajas de los servicios financieros digitales. Una consolidación generalizada y un menor protagonismo de las empresas emergentes podrían dar lugar a una mayor concentración en el sector y podría hacer retroceder la inclusión.

“Desarrollar un plan estratégico por simple que parezca de implementar puede ser uno de los mayores desafíos para las transformaciones dependiendo del alcance y el tipo de proyecto que se está llevando a cabo. Los ejecutivos estratégicos reconocen que los empleados “aceptan” lo que ayudan a construir y crear, por lo tanto, los planes efectivos necesitan aportes de múltiples niveles. Un plan bien diseñado debe tener en cuenta la cultura de la sociedad y/o empresa, anticipar la reacción de las personas e incorporar una metodología clara para manejar la resistencia que inevitablemente vendrá,” sentencia el ejecutivo de PayPal.

La adopción de los servicios financieros digitales requiere que los consumidores confíen en que sus datos e información personal se mantendrán seguros, y los gobiernos deben garantizar que las fintechs y las instituciones financieras cuenten con sistemas de ciberseguridad.

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Los gobiernos y los empleadores están desempeñando un papel formativo impulsando el ritmo de la digitalización al hacer pagos de ayuda COVID-19 en las cuentas bancarias de las personas. Pero la gente no usará sus cuentas a menos que confíe en el sistema financiero.

Para lograr sociedades inclusivas y para corregir el aumento de las desigualdades durante y después la crisis actual, las autoridades nacionales e internacionales deben cerrar la brecha digital entre los países y dentro de ellos, para así aprovechar las ventajas de los servicios financieros digitales. Para lograr este cometido debe: protegerse al consumidor, impulsar la educación financiera, abolir los sesgos en los datos, fortalecer la ciberseguridad, castigar fuertemente el lavado de dinero y generar leyes antimonopolio muy estrictas que garanticen la libre competencia.

“El cambio es inevitable. El escenario ha mutado rápidamente en todo el mundo y las organizaciones, personas, gobiernos deben re inventarse para alcanzar la excelencia y mayor eficacia para lograr el éxito en todos los ámbitos de su vida personal y laboral,” concluye Gómez Schumacher.

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