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Contra la amenaza de la regulación, la historia del sueño americano. Ante los congresistas que llevan más de un año investigando los posibles daños que el enorme tamaño de sus compañías puede hacer a los consumidores y a la competencia, y que por fin han logrado sentarlos a todos juntos para interrogarles, aunque sea de manera virtual, los jefes de los gigantes tecnológicos han invocado este miércoles sus historias de éxito genuinamente estadounidenses.

Como una metáfora de su destino, los cuatro juraron por vía remota decir la verdad, mano alzada al unísono en la distancia. Los jefes ejecutivos de los cuatro gigantes tecnológicos más poderosos en el mundo –Amazon, Google, Apple y Facebook– comparecieron ayer en la comisión antimonopolio del Congreso. Los cuatro coincidieron en defender su labor, su enorme aportación a la economía y el tejido social de Estados Unidos, al tiempo que negaron una posición de control en sus mercados.

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Jeff Bezos, Sundar Pichai, Tim Cook y Mark Zuckerberg ofrecieron datos de lo competitivos que son en sus terrenos, así como del valor de su innovación y servicios esenciales que facilitan a los consumidores. Sin embargo, pasaron por apuros a la hora de responder sobre sus prácticas empresariales.

“Para cumplir nuestras promesas a los consumidores de este país, necesitamos que los trabajadores estadounidenses lleven productos a los consumidores estadounidenses”, dijo Jeff Bezos, fundador y presidente ejecutivo de Amazon, en su primera aparición ante el Congreso. “China está construyendo su propia versión de Internet enfocada en ideas muy diferentes, y están exportando esa visión a otros países”, mencionó alertado Mark Zuckerberg, de Facebook, en su cuarta comparecencia.

Junto a ellos comparecieron también Sundar Pichai, de Google, y Tim Cook, de Apple, quien ha defendido también que la suya es “una compañía únicamente estadounidense cuyo éxito solo es posible en este país”. Los cuatro empresarios, que han testificado a través de videoconferencia desde sus oficinas debido a la pandemia, han querido presentarse como meros agentes en un mercado ultracompetitivo y cambiante.

La reunión virtual de este póquer ofreció una rara visión de estos titanes. Y más cuando tuvieron que escuchar impertérritos como los legisladores les acusaban de destruir empleos, arruinar negocios, encarecer precios, desanimar a otros emprendedores, amenazar la privacidad, censurar la libertad de expresión de los usuarios o manipular elecciones.

El demócrata David Cicilline, presidente del subcomité antimonopolio de la Cámara de Representantes, donde se llevó a cabo la audiencia, apeló a las esencias estadounidenses, pero en su caso para defender la necesidad de poner límites al poder de las grandes tecnológicas. “Nuestros padres fundadores no se inclinaron ante un rey”, recordó en su intervención inicial, con más de una hora de retraso sobre la hora prevista. “Tampoco nosotros debemos inclinarnos ante los emperadores de la economía digital”.

“Dicho de manera sencilla: tienen demasiado poder”, resumió Cicilline, quien ha adelantado que a sus cuatro invitados de este miércoles no les gustarán las conclusiones de la investigación, que tienen previsto hacer públicas en otoño.

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La necesidad de poner límites a los gigantes tecnológicos la comparte también el presidente Trump, que no desaprovechó la oportunidad para arremeter contra unas empresas que constituyen un blanco habitual de su furia. En particular, las compañías de redes sociales, con las que libra una batalla que se ha recrudecido en los últimos meses, después de que Twitter y Facebook tomaran medidas contra sus mensajes por violar sus normas.

En respuesta, Trump publicó una orden ejecutiva que pide reconsiderar la regulación que protege a las compañías de Internet del contenido que publican. “Si el Congreso no trae justicia a las grandes tecnológicas, algo que deberían haber hecho hace años, lo haré yo mismo con órdenes ejecutivas. En Washington, ha sido todo hablar y nada de acción durante años, y la gente de nuestro país está harta de ello”, tuiteó Trump, poco antes del comienzo de la audiencia.

El tuit del presidente subrayó que no han sido solo los ejecutivos los que se sometían a un examen, sino también el propio Congreso, que lleva años amagando con actuar contra las compañías tecnológicas, pero no ha logrado sacar adelante legislación alguna al respecto.

La histórica audiencia servirá para dar forma a la futura legislación monopolística. Pero no se esperan grandes cambios regulatorios de manera inminente.

Pocas veces se habrán oído tantos reproches a estos cuatro empresarios con millones de clientes y un valor mayor que el de la economía de Alemania.

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