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Después de que la revolución cultural de las décadas 1960 y 1970 mermara la economía de China, el país comenzó a abrir sus mercados al mundo exterior. El objetivo era importar los conocimientos tecnológicos extranjeros para que las empresas nacionales pudieran incorporarlos. A principios de la década de 1980, los fabricantes de coches foráneos empezaron a instalarse en China a condición de que formaran una empresa conjunta con un socio chino. Al trabajar con las compañías extranjeras, las chinas obtendrían el conocimiento suficiente para llegar a funcionar de manera independiente algún día.

12.258 euros: Precio de una matrícula para un coche de combustión interna en Shanghái. 0 euros: Precio de una matrícula de un vehículo eléctrico en Shanghái

Así era la teoría. Los coches producidos en China empezaron a inundar el mercado, pero en su mayoría eran imitaciones baratas. Aunque parecían coches fabricados en el extranjero, los motores no eran tan buenos. Los fabricantes de automóviles de EE. UU. y Europa llevaban demasiada ventaja para que China pudiera alcanzarlos.

Su única forma de superar al resto del mundo era apostar por una nueva tecnología. Entonces aparecieron los vehículos eléctricos (VE), que requieren menos complejidad mecánica y dependen más de la habilidad electrónica. El motor eléctrico de un Chevrolet Bolt contiene solo 24 segmentos móviles, según un desmontaje realizado por la consultora UBS. En comparación, el motor de combustión de un Volkswagen Golf tiene 149 piezas. Además, China ya contaba con una cadena de suministro de fabricación electrónica gracias a su producción de baterías, teléfonos y dispositivos para todo el mundo.

6: Número de ciudades chinas que acumularon el 21 % de las ventas globales de VE en 2017. Fuente: Bloomberg​

Ahora el Gobierno chino está cambiando los motores de combustión por versiones eléctricas a un ritmo que ningún otro país puede alcanzar. Ha hecho de los vehículos eléctricos uno de los 10 pilares de Made in China 2025, el plan estatal para convertir el país en un líder mundial en industrias de alta tecnología, y ha establecido algunas medidas para generar demanda. Desde 2013, se han creado unas 500 empresas de vehículos eléctricos en China para cumplir con el mandato del Gobierno y aprovechar los subsidios diseñados para generar suministro.

487: Número de compañías de VE lanzadas en China desde 2013. Fuente: Bloomberg

Para los consumidores, el Gobierno prometió una de las cosas más difíciles de obtener en las metrópolis de China: una matrícula. Para combatir la contaminación, el número de matrículas emitidas cada año está estrictamente limitado. Beijing los otorga a través de una lotería, pero la posibilidad de obtener una es del 0.2 %. Shanghái las vende mediante subasta a partir de unos 12.200 euros, una cifra superior al precio de muchos de los coches fabricados en el país. Las matrículas de los vehículos eléctricos no solo se obtienen más rápido; además son gratis.

“El mundo necesita una forma diferente de impulsar la economía. China sabe que no puede depender de los combustibles fósiles porque acabará ahogada en sus propios humos”, opina el CEO de la consultora Automobility de Shanghái, Bill Russo.

La velocidad vertiginosa de China ha cambiado las estrategias de los fabricantes de automóviles tradicionales. Ahora muchos de ellos están basando su estrategia global de electrificación en la política industrial de China, pero el impulso que tienen las compañías de China es difícil de igualar, y eso es una amenaza para Ford, General Motors y los fabricantes de coches europeos.

El profesor asistente de energía, recursos y medio ambiente en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins (EE. UU.) Jonas Nahm concluye: “La industria siempre había estado dominada por Japón, los europeos y Estados Unidos. Pero su centro de gravedad está cambiando muy rápidamente. No creo que nadie haya descubierto todavía una buena solución a eso”.

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