Boris Johnson
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Agobiado por las presiones de Washington y de los halcones de su propio Partido Conservador, Boris Johnson cambió ayer la directa por la marcha atrás en la carretera Londres-Pekín, y anunció que las compañías de telefonía móviles británicas no podrán adquirir materiales 5G de la empresa china Huawei a partir del 31 de diciembre, y que la participación de la compañía en el desarrollo de esa tecnología habrá de ser eliminada progresivamente, hasta su desaparición total en el 2027.

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Eliminación gradual

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“No ha sido una decisión fácil, pero sí la mejor a largo plazo para nuestra economía y nuestra seguridad nacional”, afirmó en la Cámara de los Comunes el ministro Oliver Dowden. Nadie ha quedado contento. China ha insinuado la posibilidad de represalias comerciales y la paralización de proyectos de investigación en Gran Bretaña, las compañías telefónicas advierten que las medidas pueden afectar a la calidad y coste de sus servicios y provocar bloqueos, y tanto el presidente Donald Trump como el sector más radical tory esperaban que el plazo para eliminar la participación en el 5G fuera más corto que siete años.

Tan solo en enero pasado Londres había decidido limitar el papel de Huawei en el desarrollo de la tecnología 5G a un 35%, un compromiso para tener contentos a Estados Unidos y a la República Popular. Pero ya dice el proverbio chino que tres no pueden andar juntos sin que haya uno que mande, y Johnson ha escogido ser el mandado de Trump antes que el de Xi Jinping. Desde entonces, además, el contexto geopolítico ha cambiado, con la salida oficial del Reino Unido de la Unión Europea, sus ansias por suscribir un tratado comercial beneficioso con los norteamericanos, y la represión en Hong Kong.

La red de telefonía móvil británica no es ya de por sí como para tirar cohetes (hay muchas partes del territorio e incluso barrios de Londres con pésima o nula cobertura), y el palo de Huawei supone un nuevo retroceso desde el punto de vista tecnológico, con un coste de más de dos mil millones de euros. Los principales beneficiarios van a ser la compañía finlandesa Nokia y la sueca Ericsson, que suministrarán los mástiles y software que iba a proporcionar la empresa china. La promesa electoral de Boris Johnson de mejorar la conectividad del país pende de un hilo.

Huawei, fundada en 1987 y con sede en Shenzen, es la primera auténtica multinacional global china. Da trabajo a 194.000 personas (de ellas 1.600 en el Reino Unido), y el año pasado sus beneficios rondaron los diez mil millones de euros. Es el mayor proveedor del mundo, con un 28% del mercado global, y desde hace casi dos décadas suministra materiales a British Telcom, el antiguo monopolio estatal telefónico.

Tiene una unidad especial en la ciudad de Banbury donde los servicios británicos de inteligencia electrónica pueden monitorear sus códigos de software, pero aun así Johnson ha considerado que podría ser una tapadera para el espionaje y los ataques cibernéticos, y una amenaza para la seguridad nacional.

Respuesta de Huawei

 Ante la decisión que tomó del gobierno del Reino Unido, la compañía lamenta esta resolución ya que es sin duda una mala noticia para cualquier persona de Gran Bretaña con un teléfono móvil.

Edward Brewster, portavoz de Huawei Reino Unido afirmó que “esta decisión decepcionante es una mala noticia para cualquier persona en el Reino Unido con un teléfono móvil. Amenaza con llevar a Gran Bretaña al carril lento de la carretera digital, elevar las facturas y profundizar la brecha digital. En lugar de “nivelar para arriba”, el gobierno está bajando de nivel y nosotros instamos a que lo reconsideren”. Y agregó que  “lamentablemente, nuestro futuro en el Reino Unido se ha politizado, se trata de la política comercial de Estados Unidos y no de la de seguridad”.

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