COMPARTIR:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Se sustituirá el botón de inicio, vendrá con pantalla completa, carga sin cables, identificación facial y nombre nuevo también. Los modelos más caros incluso se harán submarinos cuando estemos en una persecución de coches a gran velocidad, como el fantástico Lotus que conducía Roger Moore en “La espía que me amó”. Está bien, lo último me lo he inventado, pero el resto son las prestaciones que se rumorean del iPhone 8, el nuevo bombazo que Apple tiene previsto lanzar el martes que viene.

Cuando se conozcan por fin los detalles, los accionistas de Apple esperarán alguna innovación radical que propine un empujón al mercado y haga que las ventas suban de nuevo. A los inversores les importa, lógicamente, pero a los demás también. De lo contrario, podríamos haber tocado techo con el teléfono, con enormes repercusiones para la economía en general. Disminuirá el mercado bursátil, ralentizará el ritmo de la innovación y reducirá la competencia, y todos saldremos peor parados en consecuencia.

Internet, o por lo menos sus rincones más frikis, se han inundado de especulaciones sobre lo que podría incluir el nuevo iPhone. Ha pasado una década desde el primer iPhone y, junto a la decepción del 7, las expectativas de una remodelación radical son altas. Sustituir el botón inicial supondría un cambio importante. La carga sin cables, si se consigue que la tecnología funcione, sería francamente útil. Las discusiones familiares sobre quién tiene el cargador serían historia. El reconocimiento facial sería estupendo si implicara que no hace falta acordarse de cincuenta contraseñas distintas.

Descubriremos lo que nos ha preparado Apple la próxima semana. Si se les han ocurrido suficientes prestaciones nuevas, podrían dar un empujón al sector entero. Si no (y nada aparte quizá de la carga sin cables parece muy necesario), podría ser la confirmación definitiva de que hemos tocado techo con el teléfono.

Ya hay muchos indicios de que el boom de toda una década originado con el lanzamiento del primer iPhone podría haber empezado a perder gas. Los iPhone ya no se venden tanto como antes. Apple entregó 211 millones el año pasado, frente a 231 millones en 2015, y aunque supuso un aumento frente a los 169 millones que vendió en 2014, no deja de ser un revés. La mayoría de los teléfonos funcionan con Android de Alphabet en la actualidad, aunque tampoco se han vendido muy bien.

IDC calcula que las ventas globales subieron un módico 4,3 en el primer trimestre del año, gracias sobre todo a China y los mercados emergentes. En el Reino Unido, Dixons Carphone, uno de los mayores minoristas de electrónica, advirtió de la caída de los beneficios hace un mes y la achaca a que se venden menos teléfonos.

Lo cierto es que, como casi todos los productos después de una década, la gente que quiere un móvil inteligente ya lo tiene y no hay prestaciones nuevas lo bastante atractivas que nos animen a cambiar de teléfono. Tampoco sustituimos el televisor cada pocos años, porque uno nuevo no hace casi nada que el viejo no pueda. Del mismo modo, hemos dejado de comprar mejores móviles. Cuando dejan de funcionar puede que compremos uno mejor pero no antes.

A corto plazo, esto solo preocupa a los grandes fabricantes como Apple y Samsung, y a los minoristas que dependen de ellos, pero a medio plazo podría ser un problema para la economía en general también. Veamos por qué.

Primero, afectará al mercado bursátil y el golpe podría ser duro. Este mercado alcista desde 2009 ha estado impulsado masivamente por las llamadas acciones FANG (Facebook, Apple, Netflix y Google), en ocasiones acompañadas por Amazon también. Apple aparte, no son empresas exclusivas de móviles pero una parte importante de sus negocios depende mucho de los dispositivos que transportamos todo el rato. Google, o Alphabet, sería mucho más pequeño sin Android, Maps o cualquiera de sus productos móviles. Facebook no sería tan dominante si no pudiéramos subir selfies desde nuestros teléfonos todo el santo día. Las cinco mayores empresas del S&P 500 ya son gigantes tecnológicos (hace una década el índice lo lideraban ExxonMobil, General Electric y demás). Cualquier caída importante en los precios de las acciones de estas cinco empresas bajará inevitablemente el índice en sí, y si el SP 500 se hunde, le seguirán todas las Bolsas del mundo.

Después, podemos esperar menos innovación. La importancia del móvil no ha sido sólo que ha permitido a Apple, Samsung y otros rivales menores como Huawei incluirse entre las mayores empresas del mundo. La emergencia de la economía de las aplicaciones ha creado una plataforma en la que decenas de productos nuevos y modelos de negocio han podido prosperar. Sin los dispositivos móviles, es improbable que hubiera un Uber (con un valor de mercado de 60.000 millones de dólares), Airbnb (valorado en 30.000 millones de dólares) o Spotify (9.000 millones) o cualquiera de las decenas de las aplicaciones de juegos, música, comida a domicilio, tecnología financiera y otras menores que han surgido en la última década. El teléfono ha liberado a los emprendedores para que piensen nuevas maneras de perturbar viejos sectores. Si dejase de crecer, parece inevitable que la economía de las aplicaciones se ralentizaría también y como resultado veremos menos negocios e ideas nuevas.

Por último, el móvil es un gran motor para la competencia. La UE ha perdido la cabeza al pensar que Google, Amazon y compañía restan competitividad al mercado. Prácticamente cualquiera puede ver que todos los mercados se han vuelto ferozmente más competitivos en la última década. ¿Tiene previsto renovar su seguro de coche? Puede comparar cincuenta precios desde el teléfono en cuestión de minutos. ¿Le apetece comer tailandés? Su teléfono le dirá cinco restaurantes a los que puede llegar a pie, junto con opiniones detalladas de cada uno.

Las empresas ya no pueden esconderse y dirigirlas se ha vuelto más difícil pero es genial para el consumidor y estupendo para la economía en general. Desde Adam Smith en adelante, lo que sabemos seguro de la economía es que una mayor rivalidad entre las empresas aumenta la eficiencia de todos, promueve nuevas ideas y reduce los precios. Los móviles han generado grandes ganancias globales, aunque no todas se muestren en las estadísticas oficiales. Si su crecimiento se para, eso se ralentizará también.

En efecto, podría aparecer otra cosa (la robótica o la inteligencia artificial quizá) que sustituya al teléfono como motor del crecimiento, pero a corto plazo la saturación del mercado afectará a la economía en general. El golpe podría ser muy duro salvo que a Apple se le ocurra algo sensacional la semana que viene, que nos haga salir corriendo a la tienda para comprar un teléfono nuevo.

Fuente: El Economista España

COMPARTIR:Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

NO COMMENTS

LEAVE A REPLY