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El pasado 28 de agosto, Elon Musk presentaba un pequeño chip del tamaño de una moneda que permite conectar el cerebro humano a un ordenador. Este dispositivo, que forma parte del proyecto del magnate estadounidense Neuralink, permitiría captar la actividad cerebral para tener un mayor control de la salud, pero según Elon Musk, podría ser capaz de ayudar a resolver problemas o enfermedades como la pérdida de memoria o la ceguera.

Para colocar el chip en humanos (de momento solo se ha probado en cerdos), Musk también presentó un robot quirúrgico capaz de implantarlo en la corteza superior del cráneo sin necesidad de anestesia y en menos de una hora. Aún no se sabe cuándo se probará en personas, pero el invento de Neuralink ya tiene la aprobación de la FDA estadounidense.

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Grandes compañías como Google o Facebook han mostrado su interés por este Humano 2.0 o humano mejorado. El gigante buscador lleva desde 2013 investigando para comprender el envejecimiento y encontrar mecanismos para ralentizar e incluso detener este proceso biológico. En el caso de Facebook, hace poco más de un año la compañía de Mark Zuckerberg anunció la compra de la start up CTRL-labs, encargada del desarrollo de una pulsera capaz de leer las señales neuronales que manda el cerebro (no lo que se piensa). En concreto, este dispositivo permitiría controlar aparatos electrónicos con la mente o mediante pequeños gestos sin necesidad de tocarlos.

Sin vuelta atrás

“Hace 20 años, calculé 2005 como el punto sin retorno. Según mis cálculos, ya estamos inevitablemente comprometidos con los bebés de diseño, los ebaybies, los súper soldados y las armas autónomas súper inteligentes, los enlaces directos cerebro-máquina, la inmortalidad electrónica, las nuevas razas humanas, la explosión demográfica, los conflictos entre especies y las guerras con poderosos armamentos, la inteligencia artificial consciente sobrehumana o las bacterias inteligentes”, asegura Ian Pearson.

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Este ingeniero y matemático es uno de los futuristas más reconocidos a nivel mundial, es miembro de la Academia Mundial de Artes y Ciencias y miembro colegiado de la British Computer Society. Aunque algunos de sus pronósticos parecen un guión cinematográfico, es famoso por acertar en sus predicciones. Y algunas no son nada halagüeñas. “El avance de la inteligencia artificial se dirige hacia una IA sobrehumana plenamente consciente, con emociones y con sus propias agendas. Por lo tanto, no tendremos más remedio que establecer vínculos cerebrales directos con la inteligencia artificial súper inteligente. De lo contrario, corremos el riesgo de extinción. Es así de simple. Tenemos una idea de cómo hacer eso: dispositivos nanotecnológicos dentro del cerebro que se conectan a todas y cada una de las sinapsis que pueden transmitir señales eléctricas de cualquier manera, un problema de ingeniería difícil pero no imposible”, asegura.

Tecnologías que ya son realidad

RFID (Radio Frequency Identification) que, aunque son una tecnología que ya tiene tiempo, la tendencia es implantarlos en la piel, con lo cual las máquinas tendrán la capacidad de identificar a una persona a corta distancia, por ejemplo, para abrir una puerta, utilizar una copiadora en el trabajo o hasta ejecutar operaciones complejas, como hacer transacciones, pagar el transporte público, como identificador o pasaporte.

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Por otra parte, está el uso cosmético, varias personas utilizan LEDs dentro de la piel para tener “tatuajes iluminados”. Es una tendencia llamada bioluminescence o tatuajes temporales DuoSkin, y también pueden funcionar como un trackpad para tu móvil.

Empresas como Verily, Deep Optics o Magic Leap han desarrollado lentes de contacto llamados smart contact lenses, con ellos se puede tener una visión sobrehumana (ver en la oscuridad), reproducir imágenes, video y realidad aumentada directamente en el ojo.

Hacer traducción en tiempo real a través de un dispositivo ha evolucionado de manera importante con el uso de machine learning, logrando una experiencia de casi una conversación natural. Asimismo, la empresa Waverly Labs ha creado audífonos inalámbricos para oír música o tomar llamadas de tu móvil, pero que además hacen traducción instantánea en 15 idiomas.

Las llamadas Nootropics o Smart Drugs son suplementos que en teoría mejoran funciones cognitivas, como la memoria, la creatividad o la motivación. Aunque sus efectos no son totalmente claros, existe una tendencia de uso muy fuerte, que en algunos países ya rebasa el 30% de habitantes.

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Cuestión de ética

Sienna es un proyecto financiado con casi cuatro millones de euros del programa H2020 de la Unión Europea para ayudar a evaluar el impacto de las nuevas tecnologías en los derechos humanos. “En China ya han nacido bebés modificados genéticamente (con tecnología Crispr) y en Estados Unidos se sabe de jefes que toman serotonina para evitar ataques de ira. Esto en Europa sería inviable porque hay que poner límites a la tecnología. El problema llega cuando se quieren conseguir habilidades que están por encima del humano, como por ejemplo ver en la oscuridad o mucho más lejos. Nosotros velamos porque no se haga un uso indebido de la tecnología, pensando en cómo esas mejoras afectan a la libertad, a la autonomía e incluso al medio ambiente. El proyecto acaba en 2021 y estamos participando en la creación de códigos éticos a nivel internacional, sobre todo en inteligencia artificial”, explica Javier Valls Prieto, profesor de la Universidad de Granada y miembro del proyecto europeo de investigación Sienna..

Gartner definió el Human Augmentaty -uso de tecnologías para aumentar las capacidades físicas y cognitivas humanas- como una de las grandes tendencias este año, y según un estudio elaborada por Kaspersky, “casi dos tercios (63%) de los encuestados considerarían aumentar las capacidades de su cuerpo mediante la tecnología. Si se les diera la oportunidad, optarían por mejorar su salud física general (40%) y la vista (33%). Asimismo, casi 9 de cada 10 (88%) personas temen que sus cuerpos puedan ser hackeados por ciberdelincuentes y el 39% cree incluso que el Human Augmentation podría ser peligroso para la sociedad y debería ser regulado por los gobiernos.

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