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La crisis en Argentina, agravada por la pandemia, está generando preocupaciones adicionales a los Oficiales de Cumplimiento y los responsables de Compliance de las empresas. De acuerdo con BRG, firma global de consultoría especializada y asesoría estratégica, los riesgos de fraude, soborno y corrupción se incrementan exponencialmente en todo escenario de crisis perjudicando a las empresas, pero sus consecuencias comenzarán a verse una vez que “la ola haya pasado”.

En consecuencia, existe una alta probabilidad que cuando el año que viene contemos con la vacuna contra el COVID-19 y podamos resolver el problema de la movilidad y los contagios, comiencen a emerger casos de fraude en todos los ámbitos. “Hay un viejo dicho en el ambiente del compliance que dice: el fraude es como las piedras en un río, cuando el agua baja, comienzan a verse por todos lados. Por lo que me toca transmitir una mala noticia, el fraude será un gran dolor de cabeza en 2021; lo bueno es que si se reacciona a tiempo se puede minimizar” dijo Matias Nahon, Managing Director BRG Argentina.

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La receta para afrontar este problema no es novedosa ni imaginativa, la experiencia indica que sólo robusteciendo las áreas de complaince con más recursos, procesos y asesoría se pueden mitigar los riesgos de fraude que se avecinan.

De acuerdo con BRG, en Argentina 8 de cada 10 empresas sufren un fraude por año (el 80%). A su vez, la mayoría de las empresas no previene el fraude interno y el 95 por ciento actúa de forma reactiva, invirtiendo en prevención una vez producido el siniestro. Entre los fraudes más comunes se encuentran los acuerdos de empleados con proveedores, sean por comisiones, sobreprecios, calidad deficiente en productos, o manipulación de licitaciones. En el último tiempo, las industrias que más se ocuparon de los casos de fraude interno son la industria automotriz, los laboratorios, las empresas de consumo masivo y, en menor medida, el sector financiero.

La principal recomendación que sugieren es supervisar las áreas que tienen mayor presupuesto y que disponen de procesos débiles, inexistentes o de poder suficiente al interior de la compañía para eludir los controles. “Hemos verificado muchos casos en las áreas de marketing. En general los empleados de estos departamentos cuentan con un bono atado al producto de sus ventas, esto genera oportunidades para manipulaciones groseras, por parte de empleados deshonestos que obtienen beneficios en detrimento de los intereses de la empresa. Como suelen ser áreas relativamente nuevas en la estructura corporativa y que afectan centralmente el negocio de la empresa, los controles suelen ser laxos, potenciando los fraudes”, explica Nahón.

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Un proceso robusto de controles permite acotar y poner límites a las oportunidades de fraude, buscando al mismo tiempo que empleados potencialmente dispuestos a cometer un fraude, desistan de su intento. De acuerdo a las estadísticas que manejan en BRG, la Argentina, y principalmente la región latinoamericana, es una de las más complicadas por la comisión de delitos de fraude o corrupción, incluso más complicados que algunos países de África. Y no tan paradójicamente, es uno de los lugares donde los directivos de las empresas menos deciden judicializar los casos de fraude interno por el riesgo potencial de reputación que puede traer contra la marca.

La clave para la prevención es el control y el monitoreo del cumplimiento de los controles preventivos es reforzar la cultura corporativa de cumplimiento. Las crisis transmiten la sensación del relajamiento de los controles, ya que la atención total está puesta en recuperar el crecimiento. La instrumentación de canales de comunicación firmes de las políticas de integridad y control, junto con los canales de denuncia, en caso que sea necesario (bajo la supervisión del complaince officer) limitará los riesgos.

“La fórmula es la de siempre: más y mejores controles reducen el fraude, sólo hay que tomar la decisión de aplicarlos cuanto antes”, finaliza el ejecutivo.

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