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Los detractores les critican su alta volatilidad. Desde el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz hasta el CEO de JP Morgan, Jamie Dimon, han arremetido contra ellas. Sin embargo, las monedas digitales tienen también sus defensores, que ponderan sus rendimientos y el hecho de que no estén reguladas por los distintos bancos centrales.

Lo cierto es que invertir en monedas digitales no es para cualquiera. Requiere un perfil agresivo, o al menos el suficiente estómago para sobrevolar sus altibajos. Porque tan cierto como que la cotización del Bitcoin –la más popular entre las monedas digitales– se casi duplicó en 2019, pasando de u$s 3884 al inicio del año a u$s 7158 al cierre, es el hecho de que dicha moneda puede exhibir bruscas devaluaciones, como la registrada en septiembre último cuando cayó un 17% en un día. La caída de aquel 23 de septiembre estuvo acompañada por las de otras criptomonedas, como Ethereum, que se depreció 19%, y Litecoin, que cayó un 18%. No fue un caso aislado. En 2011, por citar otro ejemplo, el precio de Bitcoin llegó a caer un 94% en el transcurso de 5 meses.

Pese a ello, un reciente estudio del Center for the Governance of Change (CGC) de la IE University, de España, concluyó que un 79% de los argentinos encuestados estarían dispuestos a adquirir una moneda digital. De acuerdo al trabajo, titulado “Cryptocurrencies and the Future of Money”, los ciudadanos de países con menor confianza social en los bancos centrales estarían más dispuestos a acoger nuevas monedas digitales emitidas por instituciones alternativas. El informe marca también una clara diferenciación geográfica en la valoración de las criptomonedas. La gran mayoría de los encuestados europeos –71% de los alemanes, 68% de los británicos, 64% de los franceses y 51% de los españoles–, así como el 67% de los de Estados Unidos, no tienen interés por comprar criptodivisas.

Esta tendencia no sólo choca con lo que ocurre en la Argentina, sino también con el grado de aceptación de las monedas digitales en la región. “Las criptomonedas cuentan con un apoyo más amplio en América Latina. El 79% de los argentinos, el 78% de los mexicanos y el 75% de los brasileños declaran que estarían dispuestos a adquirir una moneda digital”, dice el informe. La brecha se encuentra en los países en los que los bancos centrales gozan de una menor confianza social. De hecho, el estudio reveló que el 20% de los argentinos, el 27% de los brasileños y el 18% de los encuestados mexicanos disponen ya de criptomonedas. Esta desconfianza, dice el trabajo, se debe en parte a que muchos de los encuestados consideraron que las autoridades no habían implantado medidas eficaces para regular el sector bancario desde 2008.

En cuanto a los ciudadanos que no poseen criptodivisas en Argentina, Brasil y México, el estudio constató que el principal motivo para no tenerlas “no era una falta de interés, sino simplemente el hecho de no saber cómo comprarlas”. La gran mayoría de los encuestados europeos y estadounidenses, en cambio, indicaron no poseer criptodivisas porque las consideran demasiado arriesgadas.

“Aunque la innovación contribuye a que las monedas digitales sean candidatas factibles para sustituir al dinero tradicional y crear beneficios para los usuarios en grandes volúmenes de transacciones, nuestra investigación sugiere que a las criptodivisas todavía les queda un largo camino por recorrer antes de que puedan competir, por no hablar de superar, a las formas tradicionales de dinero respaldadas por los bancos centrales y comerciales”, apunta Mike Seiferling, director de investigación del proyecto Cryptocurrencies and the Future of Money de IE University.

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