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La colisión entre dos estrellas de neutrones, detectada el pasado 17 de agosto, fue el avance científico más importante del año 2017. El descubrimiento abrió una nueva era de la astronomía, ya que por primera vez en la historia se combinaron en una misma observación ondas gravitacionales y electromagnéticas. Además, la detección del choque de las dos estrellas permitió demostrar la existencia de las kilonovas, un fenómeno predicho hace más de tres décadas, y aportó nuevas respuestas sobre la naturaleza del propio Universo.

Las ondas gravitacionales vuelven a protagonizar el reconocimiento por segundo año consecutivo, después de haberse hecho también con el Premio Nobel de Física de 2017.

Pero si “la observación [de ondas gravitacionales por primera vez] hizo sonar las trompetas del descubrimiento, la de este año ha producido una sinfonía científica”, describe Adrian Cho.

Fueron las ondas gravitacionales, captadas por los detectores de LIGO –en Hanford y Livingston (Estados Unidos)– y Virgo –cerca de Pisa (Italia)–, las que alertaron a los astrónomos de que se avecinaba algo grande. Las ondulaciones del espacio-tiempo fueron las primeras en llegar a la Tierra desde una distancia de 130 millones de años luz. Dos segundos más tarde, un estallido de rayos gamma alcanzó los telescopios Fermi e Integral. Horas después, más de 70 telescopios apuntaron al origen de la explosión, cerca de la galaxia NGC 4993, y captaron una violenta explosión en todo el espectro electromagnético. En el artículo científico que resumió los resultados del hallazgo participaron más de 3.000 científicos de más de 900 instituciones: se trata del evento más estudiado en la historia de la astronomía.

Las responsables de tal terremoto astronómico fueron dos pequeñas estrellas de neutrones de tan sólo 20 kilómetros de diámetro, pero tan densas como los núcleos de los átomos. Eran los cadáveres inertes de dos antiguas estrellas que terminaron sus días de esplendor en forma de supernovas. Orbitaban en silencio la una en torno a la otra, hasta que el destino las acercó en una última danza fatal que culminó con su fusión explosiva.

Las kilonovas son el origen de gran parte de los elementos pesados que existen en el Universo, como el oro y el platino. Además, la combinación de ondas gravitacionales y electromagnéticas proporcionó una nueva estimación de la velocidad de expansión del Universo y verificó la teoría de la relatividad de Einstein.

En estos momentos, los detectores de LIGO y Virgo se encuentran inactivos, ya que los científicos están implementando mejoras para hacerlos más sensibles. Cuando regresen a la actividad, a mediados de 2018, se espera que permitan observar nuevos fenómenos –hasta ahora inobservables– en combinación con ondas electromagnéticas, como fusiones de sistemas binarios formados por un agujero negro y una estrella de neutrones o supernovas de otras galaxias. Los astrónomos también auguran que el estudio del Universo mediante gravedad y electromagnetismo ayudará a desvelar nuevos misterios sobre su naturaleza, como la energía oscura.

 

 

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