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La guerra comercial que tiene enfrentados a Estados Unidos y China continúa extendiéndose y de manera indirecta está afectando a otros mercados. La caída del PIB de Alemania, la primera economía de la Unión Europea, durante el segundo trimestre del año, apunta a la posibilidad de una recesión, lo cual hizo caer a la bolsa de valores de ese país y de paso contribuyó a la caída de las de Estados Unidos y también la de México.

La economía de Alemania, que llevaba una década de crecimiento constante, ha dado acuse de recibo a la posibilidad de que el Brexit se lleve a cabo, así como a las bravatas de Donald Trump, cayendo una décima en el segundo trimestre de 2019. Una recesión técnica implica crecimiento negativo durante dos períodos consecutivos y el trimestre anterior el balance alemán fue de 0.0.

El escenario de una posible recesión mundial se vio alimentado por la ralentización en el crecimiento de las fábricas de China, a un punto que no se había observado en al menos dos décadas. Ni siquiera el anuncio hecho por Donald Trump en el sentido de que el arancel de 10% que había impuesto a una serie de productos chinos no entraría en vigor hasta el próximo 15 de diciembre con la finalidad de no afectar el bolsillo de los consumidores estadounidenses, logró calmar a los mercados mundiales.

El nerviosismo que se percibe en los mercados del mundo, condujo a los inversionistas estadounidenses a refugiarse en el mercado de los bonos, que elevaron su precio, mientras que los rendimientos, por el contrario, cayeron a niveles que no se habían visto en mucho tiempo.

El índice S&P 500 cayó 2.93%, el Dow Jones perdió 800.49 puntos, en lo que ya es su peor desempeño del año, mientras que el NASDAQ se retrajo 2.61 puntos. La Bolsa Mexicana de Valores, arrastrada por la inercia, sufrió una considerable pérdida de 826.41 puntos.

En tiempos como los actuales, si existe un mercado estable ese es el alemán, el cual se ciñe a los parámetros tiránicos de una sociedad poco proclive a los errores y exageradamente perfecta, si tal cosa es posible. Pero no puede pedírsele eternamente a Alemania que sea el eje que sostiene a toda Europa.

Golpeado el sector automotriz, uno de los puntales de su economía, y ralentizado el comercio exterior por culpa de Donald Trump y su conflicto con China, Alemania tendrá que sacar la casta en el trimestre que transcurre con tal de no ser indiciada como la responsable de una recesión cuya culpa no es suya.

Y si se trata de buscar culpables, el rastro de sangre conduce a Washington D.C., muy específicamente a la Casa Blanca.

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