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La historia de la tragamonedas chilena no escapa a la suerte del resto de los juegos de azar. Por ello, aunque no podría datarse su llegada a territorio nacional antes de 1894, cuando Charles August Fey inventa el novedoso artilugio en la ciudad de San Francisco, EE. UU., se hace forzoso ubicarse en la época colonial cuando ya la fiebre del juego comenzaba a calentar las gélidas tierras australes. Y esos también eran tiempos duros para un comienzo que ya se mostraba azaroso.

Entonces la ascendencia de la Iglesia en la sociedad era determinante y desde un principio cuestionó las formas primordiales de los actuales casinos, los garitos. Así nacía y crecía un estigma que perseguiría por siempre a los juegos de azar, impulsándolos a protegerse en las sombras, en los suburbios y hasta en las zonas más remotas de la nación. Pero el amor del ser humano por el juego no sólo impidió que desaparecieran, sino que los hizo evolucionar hasta lo que hoy conocemos.

El garito colonial

Con los años los establecimientos dedicados a los juegos de azar tuvieron sus altos y sus bajos. Pero con todo lograron pasar de las sombras de los suburbios a zonas más céntricas y de mejor reputación, aunque seguían siendo clandestinos. Eran conocidos con el nombre de garitos y se camuflaban bajo el techo de algunos cafés, billares y posadas, incluso eran comunes hasta en las canchas de boliches. Pero siempre debían estar atentos con las redadas de la policía.

Un hombre en la puerta, al que llamaban “loro”, se encargaba alertar a los jugadores de la presencia de las autoridades. Con tal presión, es de suponer que los juegos más comunes eran los naipes: fáciles de llevar y esconder, así que entorno a ellos florecían los garitos que habían nacido luego de la Colonia. No era tan sencillo como ahora, cuando Betiton ofrece tragaperras online en su casino de manera abierta, sin que los jugadores deban salir corriendo cargando con las máquinas.

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El invento que revolucionó las apuestas

Sería precisamente la tragamonedas el invento que revolucionaría el negocio de los juegos de azar. En 1894, mientras los garitos chilenos luchaban por echar raíz en aquellos fríos suelos, al otro lado del continente y en la soleada California, específicamente en San Francisco, Charles August Fey creaba ese primer artilugio que siempre sería relacionada con el espíritu aventurero que despertaron tanto en EE. UU. como en buena parte del mundo, la Conquista del Oeste y la Fiebre del oro.

  • Los garitos dieron paso a los casinos clandestinos, los que llegaron a usar fichas cambiables en dinero.
  • August inventó la tragaperras en 1898, cuatro años después de su primera tragamonedas.

Pichilemu: Un sueño que no llegó a buen puerto

Pero el primer intento serio para la formalización de los negocios de juegos de azar en Chile, se remonta 1885. En esos días Agustín Ross Edwards se proponía levantar un puerto en el litoral de Pichilemu, una zona poco poblada para entonces. Pero como por azar el proyecto fracasó y para no perder todo, el empresario decidió crear lo que se llamó el Gran Hotel Pichilemu, donde pronto floreció el juego. No obstante, la explosión de los tragamonedas se daría en otro lugar.

  • Para el diseño de su hotel, Ross se inspiró en el Gran Trianón del Palacio de las Tullerías de París.
  • El hotel luego sería la oficina de correos y telégrafos.

El primer casino de Chile

El primer casino legal de Chile se inauguró en 1931 en Viña del Mar. Sería en ese año cuando las tragamonedas se brindarían públicamente a los jugadores. De tal suerte que aunque conocido como el “casino de Pichilemu”, este no sería tal. No obstante fue reconocido como la mejor sala de juegos de aquellos lejanos días, cuando solía reunir en sus amplios salones a la crema y nata de la sociedad chilena. Más tarde, en 1940, se convierte en el Gran Hotel Casino.

La apuesta online

La primera mitad del pasado siglo llevó a Chile los casinos en toda la línea, siete en total. Estaban ubicados en las localidades de Viña del Mar, Arica, Coquimbo, Pucón, Puerto Varas, Puerto Natales e Iquique. No hay duda de que se trata de una modalidad de negocio que se ha reinventado con el tiempo para sobrevivir. De esta manera las tragamonedas han cambiado su peculiar sonido metálico por los timbres de los teléfonos inteligentes. Ahora la apuesta es online.

El futuro de la tragamonedas chilena

Este breve paseo por la larga historia de la tragamonedas chilena, nos deja claro que esta máquina, representante del espíritu aventurero y a la vez imagen de los casinos por antonomasia, seguirá evolucionando para vencer al tiempo y a las adversidades futuras. Un atisbo de lo que viene se deja colar en las ofertas cada vez más asombrosas de los casinos online; basta ver páginas como https://www.betiton.com/es/. Así que puede concluirse, que lo mejor de la tragamonedas del mundo está por venir.

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