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Marte es el planeta que mayor interés tiene en los científicos hoy en día. Según estudios reciente se habría quedado sin agua hace 3000 millones de años aproximadamente.

Ahora, todos los ojos estarían puestos en “la isla bebé” nacida de la erupción del volcán Hunga propició el nacimiento de Hunga Tonga-HungaHa’apai, el nombre real de esta isla, en el Pacífico Sur en 2015, contando con tan solo 200 hectáreas.

Su formación se debe a la erupción del volcán submarino Hunga: el magma caliente entró en contacto con el agua fría produciendo una fuerte explosión de cenizas y rocas.

Este proceso se conoce como erupción surtseyana, un fenómeno que hace referencia al origen de Surtsey (Islandia). Este tipo de islas son distintas química y geológicamente a las surgidas por procesos volcánicos más lentos. En los últimos años nació una en el Mar Rojo y otra cerca de Japón.

Su particular constitución predecía una rápida desaparición, debido a embestidas de vientos y corrientes marinas. Durante sus primeros meses de vida cambió constantemente de forma. Pero, dos años después, la isla se estabilizó y continúa en pie. La NASA considera que su esperanza de vida entre 6 y 30 años y cree que su nacimiento podría ser similar a los procesos geológicos vividos en el planeta rojo. Una mezcla de aguas cálidas, turbulentas, saladas y acuosas.

“Encontrando esos rastros en Marte será posible determinar si el agua en este planeta era lo suficientemente profunda y presente durante el tiempo suficiente para causar erosión”, explica el estudio.

De ser así, el experimento de la isla “bebé” junto con otras teorías como la de la Universidad de Oxford podría acercarnos a los que sucedió los primeros días del planeta rojo. Esto facilitaría el trabajo del MarsRover en su llegada a Marte para el año 2020.

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