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BBVA estuvo presente la semana pasada en Londres, donde moderó una mesa redonda en el evento Innovate Finance Global Summit 2018. La cita de este año, que tuvo lugar en el histórico edificio Guildhall en la City, reunió a líderes globales en innovación financiera procedentes de ‘startups’, grandes instituciones y compañías consolidadas: las ‘big tech’.

La mesa redonda, presentada por el equipo de BBVA Open Innovation, se propuso explorar el futuro de los servicios financieros en un mundo digital dominado por las ‘big tech’.

Por naturaleza, la economía digital tiende a favorecer el crecimiento de las grandes plataformas tecnológicas que operan con grandes cantidades de datos y en redes globales. A lo largo de los últimos 20 años, prácticamente cada área de la vida de las personas –desde los juegos, hasta las compras o la educación–, ha cambiado de forma drástica con la llegada de la digitalización y la ubicuidad de internet.

Estos cambios han traído consigo numerosas ventajas como la reducción de costes de cara a los consumidores, la creación de nuevos sectores, el incremento de la eficiencia y la aparición de innumerables nuevas formas de comunicación e interacción social.

La llegada al mercado de las ‘big tech’

En este nuevo contexto, los jugadores ‘big tech’ (también llamados GAFAs (GoogleAmazonFacebook y Apple), se han hecho con una posición dominante en diversos mercados. Durante la mesa redonda se expusieron los datos de netmarketshare, que estima que Google controla hoy día el 70% de la cuota de mercado de las búsquedas en internet en ordenadores y más del 85% en móviles. Por otro lado, eMarketer revela que, combinados, Google y Facebook tienen una cuota de los ingresos publicitarios del 56,8% en Estados Unidos.

En el debate, en la que participaron representantes de la Agencia Espacial Europea (ESA), HSBC y la American Bankers Association, se abordaron los factores que han impulsado esta rápida consolidación de los gigantes de internet. Según BBVA Research, hay tres causas principales:

La primera es el ‘efecto red’, que hace que los usuarios valoren mejor las plataformas cuantas más personas haya en ellas, para conectar con contenidos, empresas u otros usuarios. Esto puede derivar en un escenario donde un único jugador puede dominar el mercado y la entrada de nuevos competidores es difícil, ya que los usuarios prefieren las plataformas que ya cuentan con la mayor red de personas.

Por otro lado, las grandes compañías tecnológicas hacen ahora de ‘gatekeepers’ o guardianes, que vigilan la entrada de otros jugadores y tienen el poder de restringir la información y el contenido que está a disposición de los usuarios, incluyendo la relativa a los productos de sus competidores (como hacen por ejemplo Google y Amazon con sus respectivas plataformas).

Por último, existe una creciente preocupación sobre la gran cantidad de datos que estas empresas tienen a su disposición y que les permite mejorar sus productos u ofrecer nuevos servicios antes que otros competidores. La disponibilidad de estos datos supone una gran desventaja para las pequeñas ‘startups’, que sencillamente no tienen el mismo nivel de conocimiento sobre su mercado objetivo.

Colaborar, desafiar, ¿o no hacer nada?

En un contexto como este, en el que además las ‘big tech’ están buscando oportunidades en el sector financiero, ¿cómo deberían reaccionar los jugadores tradicionales?

Derek White, responsable global de Customer Solutions en BBVA, planteó recientemente esta pregunta durante el evento Money20/20 Asia. Su argumento principal para responder fue que, para sobrevivir, la banca necesita seguir evolucionando y entrar en el terreno que actualmente ocupan las firmas tecnológicas.

Para BBVA este proceso pasa por involucrarse cada vez más en las vidas de las personas y ofrecerles valor añadido y conocimiento sobre su dinero y sobre los datos que se generan a partir de sus interacciones financieras. También se trata de construir confianza entre los clientes y el banco, porque cuanta más confianza se genera y más valor pueden ofrecer los bancos para ayudar a las personas a entender sus datos, más cosas podrán hacer los bancos por sus clientes.

Los participantes en la mesa redonda coincidieron en que las grandes ‘tech’ querrán colaborar con los bancos en el futuro para ser capaces de monetizar los datos que poseen. No obstante, esto podría suponer un problema, según apuntaron los ponentes: hay una creciente falta de confianza sobre la forma en que estas compañías gestionan la información financiera de sus clientes. Por un lado, esto preocupa a los usuarios, que desconfían de la seguridad y la privacidad de sus datos en esas plataformas, una preocupación comprensible y alimentada por las recientes fugas de datos (como el caso de Cambridge Analytica). Y por su parte, las entidades financieras pueden estar menos dispuestas a trabajar con las grandes tecnológicas.

A modo de sugerencia, otra de las cuestiones que surgió durante el debate fue que las instituciones financieras deberían ser más optimistas a la hora de desafiar a las grandes firmas de tecnología. Para ello, apuntaron, tendrán que mejorar su colaboración con el entorno de ‘startups’. Mientras que BBVA se ha anticipado en este terreno con la apertura de sus APIs el año pasado –mucho antes de la directiva PSD2–, la mayoría de entidades aún no tiene la capacidad o la experiencia necesaria para construir servicios y sacar partido de la revolución de las APIs. Es en este ámbito donde más apoyo necesitarán los bancos por parte del ecosistema de ‘startups fintech’, que lleva la innovación ágil en su ADN.

No es de sorprender que la opción de ‘no hacer nada’ ante este nuevo paradigma no se viese como una opción viable para ninguno de los participantes en el debate. Los bancos deben innovar para sobrevivir, deben continuar ofreciendo a sus clientes unos servicios de calidad y cada vez mejor integrados. No obstante, la forma en que los usuarios reciben estos servicios sí cambiará, y probablemente requerirá una colaboración más estrecha con otros jugadores del mercado para crear un ecosistema de beneficio mutuo, donde los bancos podrán actuar como un centro seguro de operaciones.

En esta línea, la idea que más se repitió durante la sesión de debate fue que, a medida que la confianza de los usuarios en las grandes tecnológicas (‘big tech’) se está viendo erosionada por una combinación de explotación y brechas de privacidad; los bancos deben trabajar duro para asegurar que esto no pase también en su sector. Y, sin duda, este esfuerzo requerirá nuevas formas de trabajar con los datos, de gestionarlos y protegerlos, y de compartir su valor con todas las partes involucradas en el ecosistema de una forma más simbiótica.

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