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La buena noticia es que la temporada número cinco de Black Mirror ya está disponible en Netflix. ¿La mala? Está compuesta únicamente de tres capítulos. Y dados el éxito y la aceptación que ha generado la serie de televisión creada por Charlie Brooker y que incluso condujo a la compañía que dirige Reed Hastings a comprarla el año 2015, tres episodios parecen muy pocos para cumplir con las expectativas de los amantes de la serie.

Pero más allá de si la cantidad resulta insuficiente, lo que se ha colocado en la mesa, en términos de calidad, apunta a ser considerada en su conjunto (tal y como ocurre con la gastronomía molecular) como una de las mejores temporadas si no es que la mejor de todas.

Tres capítulos que atienden a las tendencias tecnológicas actuales, antes que decantarse por temas de ciencia ficción que en el pasado ya han sido explotados hasta el hartazgo. Las alusiones a las compañías Facebook y Uber, la reinvención de Street Fighter, aquel videojuego de la década de 1980, con motivos sexuales, y la recreación de un asistente personal que no es un asistente ni una bocina sino una muñeca-robot, campean en las tres historias a las que, por supuesto se les ha asignado su respectiva cantidad de drama.

En “Striking Vipers X”, dos amigos que no se han visto en años, Danny y Karl, se encuentran en ocasión del cumpleaños del primero. Para recordar sus años de juventud, Karl obsequia a Danny un videojuego que solían jugar en aquel tiempo. Tal videojuego no es otro más que una versión modernizada de “Street Fighter” que permite a los jugadores experimentar dolor, adrenalina y… emociones, pero no sólo las relativas a un combate. Encarnando a sus personajes virtuales Danny y Karl tienen sexo y eso va a tener implicaciones en su vida real.

Una idea vintage, por llamarla de alguna forma, incorporada al cada vez más sorprendente mundo de la realidad virtual. Los fanáticos de “Street Fighter” van a enloquecer.

Chris es un hombre cualquiera que trabaja como chofer una compañía llamada Hitcher, que hace exactamente lo mismo que Uber. Un día comienza a circular muy cerca de las oficinas de Smithereen, una empresa de social media sospechosamente parecida a Facebook. La intención de Chris recibir una llamada de uno de sus empleados y, luego de secuestrarlo, utilizarlo como rehén para entrar en contacto con Billy Bauer, el CEO de la empresa.

El episodio se llama “Smithereens” y es una tragedia y una sátira de la que ni Mark Zuckerberg ni tampoco Facebook salen muy bien parados (y tampoco nosotros, los usuarios de Facebook).

El capítulo final, protagonizado por Miley Cyrus, lleva por título “Rachel, Jack and Ashley Too” e involucra a dos hermanas y a una popstar. Y también a una muñeca-robot, Ashley Too, que se conduce como un asistente virtual con los modos de Siri o Alexa, amén de que canta, baila y ofrece consejos de superación personal a sus dueñas. Llegado el momento, Ashley Too también será capaz de pensar por sí misma, exhumando nuevamente aquel viejo debate sobre la inteligencia artificial.

Como es previsible, la temporada se agota en una tarde de sábado o en una noche e insomnio. No hay más: a esperar por la sexta.

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