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Internet de las Cosas (IoT) implica una arquitectura compleja cuyo desarrollo resultará de la interacción de dos áreas complementarias, como lo son el avance tecnológico del mercado y la regulación. Cada una de estas esferas tiene una amplia variedad de actores interesados, tanto públicos como privados. Dada la temprana etapa en que se encuentran estos desarrollos tecnológicos, es de máxima prioridad que estos actores trabajen en conjunto para identificar regulaciones que no dificulten la innovación, dada la naturaleza de IoT y sus aplicaciones.

Las principales consultoras proyectan entre 20.800 millones y 38.500 millones de dispositivos IoT conectados para el año 2020, según indica el reciente reporte “Internet de las Cosas en América Latina” de 5G Americas.

“Es necesario que todo el ecosistema de actores dialogue y colabore con los reguladores acerca de este importante avance tecnológico”, indicó José Otero, Director de 5G Americas para América Latina y el Caribe.

Por su parte, Andy Castonguay, analista principal de Machina Research, expresó que “esencialmente, los reguladores juegan una variedad de roles en el universo IoT, desde expandir las frecuencias disponibles para facilitar las soluciones inalámbricas, hasta impulsar el mercado a través de mandatos específicos, como el uso requerido de medidores inteligentes para los servicios públicos. La fragmentación y complejidad del ecosistema IoT y sus muchos acercamientos tecnológicos hace que sea un desafío, sino un poco peligroso, que los reguladores sean prohibitivos en sus mandatos o favorezcan tecnologías específicas”.

El documento señala que algunas cuestiones regulatorias de los sistemas IoT y su impacto en las personas y la economía son, en ciertos casos, familiares para los reguladores de telecomunicaciones, como pueden ser la administración del espectro radioeléctrico, licencias, estándares, certificación de equipamiento y dispositivos y competencia. Otros aspectos, sin embargo, caen en las esferas de otros reguladores u organismos, como la protección de la información, la privacidad y la seguridad.

En este contexto, algunos sectores sostienen que la intervención del Estado no es recomendable para una industria que está comenzando a desarrollarse, mientras que otras voces señalan que la regulación es importante para generar confianza pública y garantizar competencia de mercado.

El estudio indica que IoT requiere de una visión integral para una posible regulación. Aunque su plataforma se base en las telecomunicaciones, su inclusión en diferentes economías y mercados verticales requiere un enfoque cauteloso. Es aconsejable que los mercados latinoamericanos comiencen a dar sus primeros pasos en la Internet de las Cosas sin una regulación específica. Adicionalmente, es muy posible que la IoT fuerce la revisión de algunas regulaciones actuales en países de la región, como la neutralidad de red y la administración propietaria de la información que puede ser requerida por aplicaciones relacionadas con la salud y los autos conectados.

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