Ignacio Perrone, Gerente de Investigación, Digital Transformation, Frost & Sullivan
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Por Ignacio Perrone, Gerente de Investigación, Digital Transformation, Frost & Sullivan

@ignacioperrone

El Imperio Romano llegó a tener en su momento de máxima expansión unos 6,5 millones de km2. Pero como en las historietas de Astérix el Galo, siempre queda una aldea que resiste. De modo similar, la transformación digital avanza. Pero los ritmos de este cambio son desparejos, la disrupción llega primero a algunas zonas de la economía y la sociedad mientras que otras quedan relegadas por diversos factores. Hay muchas aldeas (o actividades económicas) que se resisten, pero algunas de ellas causan más irritación que otras a quienes son sus clientes. En la Argentina, por ejemplo, un nicho donde se necesita mayor transparencia es la administración de consorcios (la figura que agrupa a los habitantes de un edificio de departament0s). Pero la disrupción parece estar a la vuelta de la esquina.

Hace pocos días el gobierno de la ciudad de Buenos Aires presentó una aplicación que promete aumentar la transparencia y empezar a transformar una actividad famosa por sus problemas, altos costos e ineficiencias en un mercado que tiene unos 50.000 edificios y concentra un 74% de las viviendas, lo que se refleja en un gran número de quejas ante el organismo de Defensa del Consumidor. Con diversas funcionalidades, la aplicación llamada “Consorcio Participativo” incluye opciones para controlar los gastos (como las cargas sociales del salario del encargado del edificio o reparaciones, dos de los puntos más conflictivos), votar online en las asambleas de vecinos (reuniones a las que de otro modo muchos no pueden asistir, haciendo que la participación ronde el 15%), transmitir información y, un punto importante, calificar al administrador del consorcio para generar un ranking de reputación (un elemento que demuestra ser un gran incentivo a la eficiencia). Solo falta un paso para que esto empiece a funcionar. El sistema estará activo no bien la Legislatura porteña vote una modificación a la Ley 941, que creó el Registro Público de Administradores de Consorcios como organismo de aplicación y control.

Para tener una idea del volumen del negocio de los consorcios, se puede recurrir a los datos de la Dirección de Estadísticas y Censos del Gobierno porteño. En julio, una familia tipo tuvo que pagar de expensas (los gastos comunes del edificio) unos 82 dólares en promedio. Anualizada y teniendo en cuenta la cantidad de edificios, el total se acerca a los 50 millones de dólares. No parece tanto, pero claro, es solo la ciudad de Buenos Aires. Un análisis de la empresa inmobiliaria Izrastzoff indica que en una muestra de 21 barrios cerrados y countries de la zona norte del Conurbano Bonaerense los propietarios e inquilinos pagaron en promedio, en julio, 350 dólares de expensas ordinarias. Y todo esto no tiene en cuenta además los dolores de cabeza que se generan como daño colateral por las ineficiencias. En 2016 hubo unas 10.000 mediaciones legales en Ciudad de Buenos Aires, de las cuales un tercio son por problemas de consorcio (de paso, recientemente se digitalizó ese sistema de mediaciones, para que se puedan hacer por Internet y no sea necesario la presencia física).

También en la Argentina (y muchos otros países) los escribanos (notarios) siguen cobrando sumas exorbitantes por ser los depositarios de la fe pública. Claro que una tecnología como blockchain está agazapada esperando para generar una disrupción gigantesca. Otra lucha interesante entre galos y romanos, de la cual veremos el desenlace muy pronto.

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