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Los smartwatchs se conocen de nombre hace años, sin embargo, no terminan de cautivar a las masas. A diferencia de los smartphones y las tablets, estos tienen una alta tasa de abandono. Según la consultora Gartner, 30% de los usuarios dejan de usarlo pasado un tiempo. Esto se debe a que los consumidores afirman desconocer sus funciones y por ende, le restan utilidad.

Si bien IBM había lanzado un “smartwatch” en el año 2000, se considera el 2012 como el año de inicio. Ese año salía el primer smartwatch marca Pebble en la plataforma de financiación Kickstarter. Este reloj planteaba una revolución: Llevar la tecnología de smartphones y tablets a una pulsera, incorporando cámara, GPS, acelerómetro, giroscopio, brújula, termo-higrómetro, barómetro, pulsímetro, conexiones inalámbricas, pantalla táctil con alta definición y batería recargable.

En los años siguientes las grandes marcas se encargaron de llevarlos a todo el mundo. Samsung, Sony, LG y Apple lanzaron sus propias versiones, algunos con más éxito que otros. Nacieron también variantes deportivas que en lugar de funcionar como un smartphone simplemente recopilan datos como velocidad, tiempo, ritmo cardíaco y más, muy útil para los fans del deporte.

Hoy en día, las 10 funciones más útiles de un smartwatch son: recibir notificaciones de WhatsApp, E-mail, Instagram, etc; programación de alarmas y recordatorios; posibilidad de llamadas y mensajes; medir la performance deportiva; sacar fotos y grabar videos; escuchar música o cambiar la música que escuchas en el smartphone; escuchar la radio; contestar mensajes, mails y WhatsApps con dictado de voz o un teclado adaptado; escribir notas útiles y ver la hora y el calendario.

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