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En Argentina, donde el efectivo es rey, el estricto cierre para detener la propagación del coronavirus finalmente está motivando a consumidores recelosos a adherirse a la banca formal y los pagos en línea.

Antes de que comenzara la cuarentena el 20 de marzo, más de la mitad de los argentinos no tenía una cuenta bancaria. Muchas personas, marcadas por décadas de inflación, embargos y devaluaciones, preferían efectuar pagos diarios en persona y en efectivo. Pero ahora que están obligadas a permanecer en casa, ha aumentado la demanda de tarjetas de crédito, nuevas cuentas y aplicaciones de billetera electrónica.

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El efectivo es rey

El cambio en cómo las personas pagan por bienes y servicios ha sido de gran beneficio para bancos y plataformas de pago virtuales. La startup de pagos móviles Ualá, respaldada por el multimillonario George Soros, emitió 127 mil nuevas tarjetas prepagas desde que comenzó la cuarentena, un aumento de 20% en un mes, mientras que el banco digital Brubank dice que tiene más de 80 mil nuevos clientes. Mercado Pago indicó que el número de facturas pagadas en su aplicación de billetera electrónica se duplicó en las últimas dos semanas de marzo.

“El cambio que esperábamos a lo largo de años está ocurriendo en semanas”, dijo Pierpaolo Barbieri, fundador y director ejecutivo de Ualá, con sede en Buenos Aires. “Desde que comenzó la cuarentena, hemos visto una aceleración sin precedentes en las solicitudes de nuevas cuentas”.

Una encuesta de noviembre del instituto nacional de estadísticas Indec reveló que casi 70% de todos los gastos de los hogares se pagan en efectivo, siendo alimentos, bebidas y tabaco las principales compras. La mayoría de las personas dependen del efectivo, miles de pensionados y demás ciudadanos se apresuraron a cobrar los pagos de asistencia social del Gobierno e hicieron largas filas cuando los bancos reabrieron el 3 de abril.

Economía informal. 

Una razón por la que el dinero físico todavía se usa tanto es por la alta proporción de argentinos que viven de la economía informal. Casi la mitad de todos los trabajadores pertenecían al sector informal, en trabajos como vendedores ambulantes y empleadas domésticas, según un estudio de 2018 realizado por el instituto de investigación de la Universidad Católica de Argentina.

Juan Bruchou, fundador de Brubank y exejecutivo de Citigroup Inc., comentó que el mayor flujo entrante proviene de “clientes que nunca antes habían tenido una cuenta bancaria”. Brubank no tiene sucursales y los usuarios de su plataforma bancaria móvil han aumentado a medio millón desde su fundación en enero de 2019.

La falta de penetración bancaria en Argentina ya había captado el interés de poderosos inversores antes de que comenzara la cuarentena. El multimillonario canadiense David Thomson posee 15% de participación en Brubank. Soros, Goldman Sachs Group Inc. y Softbank Group Corp. se encuentran entre los inversores que apoyan a Ualá.

Los proveedores de servicios bancarios tradicionales no se han quedado atrás. Prisma Medios de Pago, cuyos clientes incluyen bancos e instituciones financieras, imprimió cerca de 2 millones de tarjetas de débito y crédito en el primer mes de la cuarentena. El impulso se centra en los pensionados y los “no bancarizados”, dijo Liliana de Gregorio, directora de ingeniería operativa de Prisma.

Hay mucho espacio para crecer, dijo Barbieri de Ualá. “El nivel de inclusión financiera de Argentina está por debajo del de sus pares”, dijo. “Incluso dentro de la región”.

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