Fotografía: TWITTER
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Muchas son las ventajas de vivir en un mundo conectado. Pero cuando 4,383,810,342 personas tienen acceso a Internet, esto de acuerdo al portal World Internet Users Statistics, y representan el 56.8% de la población mundial, una falla en una o varias plataformas que forman parte de este ecosistema global puede ser o mirarse como una verdadera catástrofe.

El día de ayer Twitter registró dos caídas en su servicio a nivel mundial que tuvieron lugar a las 14:46 y 18:00 horas, Tiempo del Este de Estados Unidos. Europa fue el continente más afectado, seguido de Sudamérica. A nivel países, Estados Unidos, Japón, India y México registraron los fallos más severos y focalizados.

Todo esto sería meramente anecdótico sino fuera porque la semana pasada, con precisión el 3 de julio, las plataformas Facebook, WhatsApp e Instagram, todas ellas parte del emporio fundado por Mark Zuckerberg, también registraron un fallo a nivel mundial que duró varias horas.

No gran cosa, si lo pensamos, tan sólo una simple y mera coincidencia sino fuese porque el pasado 13 de marzo Facebook e Instagram también presentaron fallas en todo el mundo. Y si a eso sumamos que hace dos días, el 10 de julio, LinkedIn, la plataforma orientada a las empresas, los negocios y el empleo, también presentó fallas en muchos países, es inevitable pensar que, sea por la razón que sea, las redes sociales comienzan a enfrentar problemas quizá debido a su uso intensivo, que en determinado momento pueden afectar severamente a miles de personas y empresas que hoy dependen económicamente de ellas.

No es un secreto que Twitter, Facebook, Instagram, Google y LinkedIn, por nombrar sólo a las más populares, hoy son utilizadas por diversas compañías e influencers para promocionar los productos y servicios más diversos, para tener incidencia en la opinión pública y, en el caso de los medios de comunicación, para informar de las noticias de último minuto a una nueva generación que ya no visita sus portales online.

En este sentido habría que comenzar a revisar las afectaciones y a cuantificarlas para determinar si estos fallos que, de acuerdo a cada plataforma, se han producido por causas de mantenimiento o cambios en la configuración interna de sus servidores, pueden tener consecuencias económicas severas para quienes dependen de las redes sociales para ejercer su trabajo.

Ahora bien, bien determinar las causas es mucho más complejo y los medios de comunicación debemos comenzar a investigar a fondo acerca de si los fallos obedecen a meras operaciones de mantenimiento o hay algo más detrás de todo. Sin pecar de suspicacia, el día ayer, mientras ocurrió la caída de Twitter, en la Casa Blanca se celebró una “cumbre” de Redes Sociales en la que Donald Trump se lanzó contra la cúpula de Silicon Valley, en específico, Facebook, Twitter y Google, y los acusó de sesgar la información y silenciar a sus usuarios y seguidores.

Del mismo modo, la caída la semana pasada de Facebook, Instagram y WhatsApp ocurrió en momentos en que Mark Zuckerberg mantenía en la agenda pública la discusión en torno a Libra, la criptomoneda apoyada por un consorcio de empresas, que podría modificar el orden financiero global.

Quizá no es nada, quizá sólo se trate de coincidencias. Pero las coincidencias en las caídas de las principales redes sociales del mundo ya comienzan a parecer sospechosas.

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