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Las langostas pasaron ser consideradas agentes de destrucción siendo la octava plaga de Egipto según la Biblia a las estrellas del espionaje, ya que algunos investigadores visualizaron una nueva función para estos humildes insectos: detectores de bombas.

Aunque parezca sacado de una película de ciencia ficción, no lo es. La Oficina de Investigación Naval otorgó US$ 750 mil a la Universidad Washington de Saint. Louis, EE.UU., para que el equipo liderado por el ingeniero biomédico Baranidharan Raman continúe los próximos tres años con la investigación que está transformando a estos insectos comunes en herramientas militares.

La idea es simple, no así la ejecución. Como la mayoría de los insectos, las langostas están equipadas con un sistema olfatorio más poderoso y sensible que el que cualquier humano puede reproducir. Entonces, Raman se planteó: ¿Por qué no usar este sistema preexistente para buscar bombas en lugar de intentar crear algo que sería irremediablemente una pobre imitación? ¿por qué no tomar ventaja de una solución biológica? “Esa es la filosofía que seguimos aquí, incluso el Estado fabrica sensores químicos en miniatura por lo que los tenemos a mano”, apuntó. Por otro lado, mirando la antena del insecto, donde los sensores están localizados, hay allí cientos de miles de sensores y de diferentes variedades.

En otras palabras, las langostas son grandiosas en oler cosas, incluso aunque un olor este enmascarado con muchos otros. Les toma unos pocos cientos de milisegundos al cerebro de estos insectos comenzar a seguir un olor nuevo introducido en los alrededores. Las langostas procesan las señales de una manera extremadamente rápida.

El primer paso es el aprovechamiento de las antenas, para lo cual se le implantan sensores que pueden grabar y decodificar cierto tipo de actividad neural del cerebro de la langosta. Luego se puede implantar quirúrgicamente esos sensores –electródos- dentro de su cerebro. A las pocas horas, las langostas se recuperan y comienzan a caminar comportándose como si nada hubiera pasado. Este tipo de sensores fueron los usados en el experimento de Raman, pero para que sean útiles en el campo deberían ser móviles. La idea es conectar esos sensores a una pequeña “mochilita” que contendrá un transmisor que enviará señales a un receptor conectado a un LED. Si detectara un explosivo se iluminaría de rojo; en caso de no serlo, de verde.

“Esta será solo la mitad de nuestra batalla durante los próximos 3 años”, comentó Raman. La otra mitad será aprender como guiar a las langostas a las áreas conflictivas. Ahí es donde entran los tatuajes. El Profesor Srikanth Singamaneni, de la Universidad Washington –cuyo foco es la ciencia de los materiales– está trabajando en crear un “tatuaje”a partir de una seda biocompatible que puede convertir la luz en calor. Este sería colocado en las alas de las langostas de modo que un láser podría hacerlas brillar, calentando parte del ala y forzando al insecto a volar de un lado al otro. Si el láser brilla del lado izquierdo, la langosta iría para la izquierda, por ejemplo.

El prototipo de langosta detectora de bombas se espera esté listo para dentro de un año

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