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Imagine recibir un mensaje en el móvil con el diagnóstico de que usted corre el riesgo de sufrir un inminente ataque al corazón. Y que esa notificación no viene de su médico, sino de un micro dispositivo que recorre todo su organismo en busca de posibles señales de alerta para su salud. Es lo que pueden hacer las llamadas píldoras inteligentes (smart pills), píldoras con sensores ingeribles capaces de diagnosticar y tratar enfermedades dentro del cuerpo humano y que prometen ser la revolución de la medicina wireless. Ya se puede consumir, literalmente, esa tecnología y cosechar sus beneficios médicos.

“Esos dispositivos son capaces de diagnosticar desde molestias benignas, como la hinchazón o el dolor intestinal, hasta diferentes tipos de cáncer”, sostiene en conversación con EL PAÍS Kourosh Kalantar-zadeh, ingeniero en nanotecnología y catedrático de la Universidad RMIT, en Australia. El científico es el creador de unas cápsulas ingeribles (tienen el tamaño de una píldora de vitamina) con sensores que viajan por el tracto gastrointestinal para medir los niveles de gas e identificar algún trastorno. Este año, el invento ha superado con éxito las primeras pruebas en humanos y ha demostrado realizar mediciones de gases más precisas que técnicas alternativas, como las pruebas de aliento.

Las píldoras con sensores pueden realizar mediciones de pH, enzimas, temperatura, nivel de azúcar y presión arterial. “Son datos que nos permiten tener una imagen multidimensional del cuerpo humano”, explica Kalantar-zadeh. Una de las empresas que trabaja en esa línea es Scripps Health, que desarrolla nanosensores capaces de recorrer el torrente sanguíneo y enviar mensajes al teléfono móvil del usuario con informaciones sobre signos de infección u otros problemas cardiovasculares.

Un hallazgo clave de los ensayos iniciales fue cuán segura es ese tipo de tecnología. “Las píldoras inteligentes son inofensivas y no hay riesgo de retención de las cápsulas”, añade el experto. En Estados Unidos, la Agencia de Administración de Alimentación y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) ya aprobó la ingestión de un tipo de píldora equipada con una microcámara como alternativa a la colonoscopia. La PillCam COLON, creada por una empresa israelí, está diseñada para pacientes que tienen dificultades para someterse a procedimientos invasivos debido a problemas de anatomía, cirugía previa o enfermedades. En esos casos, la píldora se puede utilizar para visualizar de forma remota el tracto gastrointestinal y el colon, y así detectar pólipos e identificar los primeros signos de cáncer colorrectal.

Las píldoras inteligentes también proponen nuevas formas de administrar los medicamentos. Investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y del Brigham and Women’s Hospital de Boston han desarrollado una pastilla que, una vez ingerida, se adhiere al revestimiento del tracto gastrointestinal y libera lentamente su contenido a lo largo de dos semanas. La píldora está diseñada de modo que un lado (hecho con un polímero mucoadhesivo) se pega al tejido, mientras que el otro, que cuenta con un recubrimiento especial, repele los alimentos y líquidos que de otro modo lo alejarían del sitio de fijación. Los científicos afirman que esas píldoras de liberación prolongada podrían usarse para reducir la frecuencia de dosificación de algunas drogas, como los antibióticos, por ejemplo. “Se podría adaptar a muchas drogas. Cualquier medicamento que se dosifica con frecuencia podría ser compatible con ese sistema”, dice Giovanni Traverso, científico afiliado en el Instituto Koch de Investigación Integrada del Cáncer del MIT. Traverso añade que el equipo se centra ahora en desarrollar la administración de fármacos a largo plazo para el tratamiento de malaria, VIH, tuberculosis y varias enfermedades tropicales desatendidas.

Flotillas de dispositivos en el cuerpo humano

Los expertos creen que esa tecnología “proporcionará el cambio más significativo en nuestras vidas” dentro del próximo lustro. Ese el plazo que estiman para que el consumo de las píldoras se popularice. La reciente solución de uno de los obstáculos de las smart pills —la trasmisión de su ubicación exacta en el cuerpo para el usuario y el equipo médico— puede acelerar el fenómeno. Un grupo de ingenieros del Instituto de Tecnología de California (Caltech) ha creado un microchip de silicona de 1.4 milímetros cuadrados que se puede acoplar a los nanodispositivos para determinar en qué parte del cuerpo se encuentran. Llamado ATOMS, el chip opera bajo los mismos principios que la resonancia magnética. “Un principio clave de ese concepto es que un gradiente de campo magnético hace que los átomos en dos ubicaciones diferentes resuenen en dos frecuencias diferentes, lo que facilita saber dónde están. Nuestro dispositivo imita ese comportamiento”, explica el ingeniero eléctrico Manuel Monge, principal responsable de la investigación.

ATOMS todavía está en la fase inicial de desarrollo, pero sus creadores ya tienen un nuevo objetivo en mente: hacerlo aún más pequeño para que llegue a órganos de difícil acceso, como el cerebro o el corazón. “Eso nos permitiría crear nuevas formas de diagnóstico y nuevas terapias para enfermedades graves”, afirma Monge. Él y los demás investigadores imaginan en el futuro una flotilla de nanodispositivos inteligentes circulando dentro de nuestros cuerpos e informándonos de qué ocurre en nuestros órganos internos para que les digamos qué deben hacer.

Fuente: El País España

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