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“¿Qué quieres ser de mayor?” es una de las preguntas más recurrentes durante la infancia. Algunos esperan convertirse en profesores, médicos o abogados mientras que los más soñadores se imaginan actuando en Hollywood, siendo futbolistas al estilo Messi o incluso astronautas. A medida que los años pasan, en muchos casos la realidad se impone y las ilusiones de infancia empiezan a resquebrajarse.

Probablemente, en su niñez pocos se imaginan siendo responsables de relaciones virtuales, pilotos de drones, expertos en ciber seguridad o arqueólogos digitales, pero estas son profesiones con futuro. Se estima que en 2020 crecerán alrededor de un 40% los puestos de trabajo del sector de las TIC. El problema principal radica en que la mayoría de solicitudes de los universitarios no se corresponden con la necesidad del mercado laboral, que implica un incremento substancial en el sector de las ingenierías.

“Tenemos que hacer que las familias y los estudiantes tomen conciencia de que el impacto que necesita la sociedad es lo que para ellos mismos también es una mejor salida profesional. Tenemos que ligar la voluntad de los estudiantes con las necesidades de la sociedad a la que todos servimos”, afirmaba esta semana el secretario de Universitats i Recerca, Arcadi Navarro, durante una visita al TecnoCampus.

En algunos casos, los estudiantes eligen su grado sin tener suficiente información y sus expectativas académicas y profesionales se frustran. “A veces es un poco preocupante ver que hay quien elige un grado con información poco clara respecto a sus habilidades y a aquello que tendrá que hacer en el futuro”, expone Navarro.

Evolución e innovación constantes

Es difícil pronosticar cuáles serán las profesiones del futuro de manera concisa porque hay una constante evolución y los cambios en algunos ámbitos suceden a una velocidad inimaginable. Francesc García Cuyàs, el director general de la Fundación TicSalut, con sede en el TecnoCampus, explica una anécdota reveladora en esta línea. “Cuando empecé a flirtear con el mundo de la medicina, trabajaba con una unidad de extracción de sangre para hacer analíticas a los pacientes con un enfermero experimentado. Él me explicaba frecuentemente que lo que él hacía no lo podría hacer nunca una máquina, porque cada enfermo tiene unas características específicas y buscar venas y arterias es muy complejo. Pues bien, hace unos meses apareció la primera máquina inteligente para hacer extracciones de sangre de manera automatizada y casi sin error. Lo que hace 20 años era impensable ahora es una realidad”.

Javier García, director general de la empresa de ingeniería Schunk en España, que también está ubicada en el TecnoCampus, señala la importancia de la robótica. “Los expertos apuntan a una colaboración directa entre el hombre y el robot, que se ampliará durante el proceso de producción a medio y largo plazo. En lugar de trabajar uno al lado de otro en espacios independientes, como pasa ahora, en el futuro el hombre y el robot cooperarán en un entorno sin barreras”, sostiene.

Las universidades tienen que preparar a los estudiantes para tareas que puede que hoy todavía no existan, por lo que la innovación constante constituye una pieza clave. “Me da mucho miedo cada vez que oigo a según quien hablar de que tenemos que hacer un catalogo de grados, una cosa congelada en el tiempo, momificada, que impide a las universidades innovar. Eso sería desastroso. Es cierto que quizás tenemos una oferta excesiva de puntos entrada, pero después permiten a partir del segundo año un grado de especialización cada vez más grande”, sentencia el secretario de Universitats i Recerca.

A pesar de que la tecnología intervendrá en diferentes procesos, los profesionales seguirán siendo necesarios y tendrán que aportar un valor añadido. “De manera progresiva, trabajos que actualmente desarrollan profesionales del mundo de la salud irán siendo substituidos por diferentes automatismos, pero los humanos tendrán que pasar a desarrollar trabajos de mucho más valor añadido”, concluye García Cuyas.

Fuente: La vanguardia

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