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Por: Enrrique Dans

El artículo de investigación del New York Times sobre las reacciones y actitudes de los dos máximos responsables de Facebook, Mark Zuckerberg y Sheryl Sandberg, como respuesta a las sucesivas crisis que ha provocado su compañía, ha generado a su vez otra crisis mayor, la que corresponde a la constatación de que sus directivos son una panda de irresponsables incapaces de parar la dinámica negativa que la compañía arrastra desde hace ya demasiado tiempo. La crisis ahora ya no responde a la posible incompetencia, ingenuidad o estupidez que generó las situaciones anteriores, sino a la evidencia de que la situación, tristemente, no tiene remedio.

¿Qué hacer si tu compañía se convierte en directa responsable de barbaridades como un genocidio, una manipulación electoral palmaria o una vulneración de seguridad que expone los datos personales de millones de personas? Lo normal, de acuerdo con la lógica, sería no solo excusarse, sino ademas, reconocer el error y tratar racional y constructivamente de evitar que se produzca otra vez. Lo que desafía a todo sentido común es reaccionar contratando a una sombría agencia de relaciones públicas conocida por sus técnicas poco éticas, y lanzarla como perro de presa a generar desinformación y difamación sobre otras compañías tecnológicas, sobre los senadores de la comisión de investigación ante la que la compañía tenía que comparecer, o sobre cualquiera que criticase a Facebook, relacionándolo supuestamente con el multimillonario George Soros.

Semejante comportamiento evidencia que , en realidad, las disculpas de la compañía no eran más que una fachada hipócrita, una forma de escaquearse de la responsabilidad mientras disparaban al mensajero, sin el más mínimo atisbo de propósito de enmienda. Contratar a una agencia para esparcir dudas sobre quienes te acusan o te investigan, y pretender echar la culpa de todo a las maniobras de un tercero no es el comportamiento que se espera de alguien que está genuinamente arrepentido del daño causado. Que Mark Zuckerberg lo niegue todo y corte sus relaciones con esa agencia como si no supiese nada del tema tampoco ayuda en absoluto, y menos aún que el consejo de la compañía salga a defender cómo esos líderes reaccionaron a las crisis. Lo único que prueban con eso es que esta compañía no tiene remedio.

La paciencia, como todo, se agota. Facebook ha conseguido que todos tengamos cada vez más claro que no tiene remedio, y que es imprescindible regular su actividad. Pero más allá de esa regulación, lo que ha conseguido Facebook es destrozar la confianza que alguna vez pudo aspirar a generar en sus usuarios, y convertirse en una compañía poco recomendable, con una mala reputación ganada a pulso, incapaz de mantener incluso la moral de sus empleados, un sitio donde el talento no quiere ir a trabajar. El modelo se ha roto, y seguramente se haya roto sin remedio.

Es posible que Facebook pueda seguir ganado dinero durante un tiempo, porque las compañías, los políticos y algunos actores con los que seguramente sería mejor no tener ninguna relación lo siguen viendo como una poderosísima herramienta para acciones que se sitúan en algún punto entre la publicidad y la manipulación, pero el modelo de vender la privacidad de los usuarios al mejor postor sin ningún tipo de límite ha muerto como tal, y cuanto antes lo enterremos, seguramente sea mejor para todos. La fundación creada por George Soros tiene razón: Facebook es un peligro para la democracia. El futuro de las redes sociales vendrá por otro lado, con unos principios diferentes, y todo parece indicar que con diferentes protagonistas.

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