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Por: Andrés Tapia TyN Magazine México 

El año de 1999, cuando Kevin Ashton, cofundador y director ejecutivo del Auto-ID Center de MIT, mencionó por primera vez en una ponencia en Procter & Gamble lo que hoy conocemos como Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés), la cadena de televisión Fox proyectaba la sexta temporada de la serie de televisión The X-Files.

En el capítulo nueve, títulado “S.R. 819”, Walter Skinner, el director adjunto del FBI, sufre de una extraña afección que provoca que sus venas se sobresalten y su ritmo cardiaco se acelere. Fox Mulder y Dana Scully, los protagonistas de la serie, disponen de 24 horas para salvar a Skinner, pero ignoran que la afección que padece es provocada no por un virus, sino por nanobots: una serie de dispositivos diminutos cuyo tamaño puede ser modificado vía remota por un dispositivo portátil.

Antes incluso de ser nombrada por Ashton, la Internet de las Cosas ya había sido protagonista de una historia de ciencia ficción en la que, mediante una conexión a Internet, era posible alterar el estado de salud de un ser humano. Por supuesto, no es el empleo que se le da hoy en día, aunque bien es cierto que en las manos incorrectas podría convertirse en una tecnología altamente peligrosa.

Las firmas Gartner y ABI Research, especializadas en consultoría e investigación de las tecnologías de la información, han estimado que hacia el año 2020 existirán en el mundo entre 21,000 y 30,000 millones de dispositivos inalámbricos conectados a Internet, una cifra pasmosa si se considera que en la actualidad existen poco más de 7,500 millones de habitantes sobre la Tierra, lo cual, de tomar la cifra más alta, equivale a que cada persona podría disponer de cuatro dispositivos.

En México, hasta hace un año el desarrollo de la Internet de las Cosas avanzaba muy lentamente. De acuerdo a un reporte de la consultora Deloitte, en 2018 tan sólo existían ocho millones de dispostivos conectados a la IoT. Esa cifra, sin embargo, se pronostica crecerá a 200 millones para 2020, lo cual haría saltar al país del décimo sitio que ocupa en la región al número uno.

Hasta hoy, dicho crecimiento depende más de la adquisión de dispositivos que reproducen música mediante comandos de voz. Sin embargo, la adopción de estos artefactos que lo mismo pueden regular la temperatura en un ambiente cerrado, abrir o cerrar una cerradura, disminuir o aumentar la intensidad de la luz, entre otras cosas, ha avanzado de manera considerable.

En el mismo reporte, Deloitte señala que de implementarse en el campo de la salud, podría reducir hasta en 8,400 millones de dólares los costos de los servicios de dicho sector, cuyas aplicaciones principales hoy en día están relacionadas con monitores, contadores de energía y radiografías.

Un empleo, sin lugar a dudas, mucho más positivo que el contemplado en aquella temporada de The X-Files que, inadvertidamente, coincidió con el bautizo de la IoT.

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