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La economía mundial enfrenta un panorama traumático. La duda que aparece entre economistas es cómo el empleo y el salario mantendrán su rol de articuladores del consumo en un momento en que los países comienzan a tener virtualmente paralizada la producción de su mercado interno.

La cantidad de problemas que se acumularon al mismo tiempo impactan. La economía mundial enfrenta una crisis sanitaria, de demanda, de oferta (freno abrupto de las cadenas productivas), de petróleo, de bonos soberanos y de monedas emergentes.

Las autoridades de las potencias como Estados Unidos y Europa enfrentan un desafío enorme para contener los efectos de la crisis en la población. La semana pasada se hicieron anuncios de asistencia multimillonarios para intentar enfrentar el impacto de la recesión y el cierre de empresas, pero pocos analistas se animan a decir que las medidas son suficientes. El principal problema es la falta de conocimiento sobre la cantidad de meses que llevará recuperar el funcionamiento normal de las economías y las secuelas que dejará en la sociedad.

La Zona Euro avanzó con una de las propuestas más importantes de salvataje desde la crisis financiera internacional en 2008. El anuncio lo hizo Christine Lagarde y representa unos 750 mil millones de euros para recompra de activos hasta 2020. Esto implica que la Unión Europea saldrá a recomprar bonos soberanos y de las empresas para evitar defaults y los diferenciales de tasa entre los países europeos que potencien la ruptura del euro. Los anuncios se hicieron con un lema: “tiempos extraordinarios requieren acciones extraordinarias”.

Estados Unidos tampoco se quedó atrás en su estrategia de estímulos. La tasa de interés de referencia bajó a un rango cercano al cero por ciento y se aseguró liquidez para garantizar la continuidad de las empresas. Pero estos anuncios no fueron los más disruptivos. El Tesoro norteamericano se encuentra organizando una estrategia fiscal para poder enviar pagos directo de 1000 dólares por adulto mayor y de 500 dólares por cada menor. El lema para impulsar estos anuncios –que todavía necesitan la aprobación del Congreso- tiene un tono aún más persuasivo que el de los europeos: “conseguiremos dinero para los trabajadores”.

Este paquete de estímulos para los ciudadanos norteamericanos se haría en dos rondas y demandará 500 mil millones de dólares (250 mil millones de dólares en cada uno de los dos desembolsos). El parate de la actividad en Estados Unidos no tiene precedentes y la propuesta de enviar dinero directo a gran parte de la población tampoco. No es muy distintos a ofrecer una renta básica (un piso de ingresos universal) durante dos meses y puede convertirse en un ensayo a gran escala de nuevos mecanismos para articular el consumo de la sociedad.

En los próximos meses se escribirán ríos de tinta sobre qué se necesita para coordinar la economía global. El problema es que en el ínterin nadie asegura que las medidas de los países desarrollados tengan éxito para contener la crisis. Esto hace que la incertidumbre de los inversores y la volatilidad de los activos no deje de sorprender.

Las principales bolsas del mundo volvieron a registrar fuertes caídas la semana pasada y el desplome del petróleo causó pánico a última hora del viernes. Terminó con una disminución del 21 por ciento y cotizó debajo de los 20 dólares: un valor que no se observaba desde principios de los 2000. Los precios de los activos (las acciones y los commodities de energía) por el momento no encuentran el piso.

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