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Por: Enrrique Dans

Un artículo de Reuters confirma que Google suspende todo intercambio comercial con Huawei, obligada por la inclusión de la compañía china en una lista negra creada por la administración Trump como parte del recrudecimiento de su guerra comercial con China.

En realidad, Google es únicamente la más visible de las compañías norteamericanas que se ven o se verán afectadas por la decisión de Donald Trump: otras, desde fabricantes de chips como Intel, Qualcomm, Xilinx o Broadcom hasta Corning, fabricante del mítico Gorilla Glass, tienen que imperativamente interrumpir sus negocios con el gigante chino, lo que supone unas pérdidas directas en volumen de negocios para estas compañías de en torno a los 11,000 millones de dólares. Podremos elucubrar sobre lo que esta decisión podría suponer para Huawei, pero en principio, las más perjudicadas son compañías norteamericanas que pierden la posibilidad de suministrar productos y servicios a una de las compañías tecnológicas más grandes del mundo, que resulta ser además una empresa no cotizada en bolsa y que, por tanto, no sufre el impacto de los vaivenes del mercado.

Contrariamente a lo que algunos están informando, es importante tener en cuenta que la decisión de Google no afecta a los terminales que Huawei ha vendido o tiene aún en sus canales de ventas. Todos esos terminales mantendrán su acceso sin restricciones tanto a la versión de Android que tengan instalada, como a las apps de Google (Gmail, Google Maps, YouTube, etc.) o al Play Market, incluidos servicios de seguridad como Google Play Protect, que protegen a los usuarios frente a appsmaliciosas, lo que evita la posibilidad de que los propietarios de un terminal vean interrumpida o disminuida su funcionalidad.

La restricción, en cambio, sí afectará a los terminales que la compañía china fabrique a partir de ahora, en los que podría verse obligada a buscar alternativas para determinados componentes y perder la posibilidad de incorporar apps que, en cualquier mercado que no sea China, definen en muchos casos el interés que muchos usuarios tienen por un terminal. Huawei lleva bastante tiempo preparándose para una eventualidad así, lo que implica que ha almacenado grandes cantidades de componentes críticos vendidos por compañías norteamericanas y ha preparado un plan B para utilizar en sus terminales su propio sistema operativo, presumiblemente algún tipo de fork de Android, pero indudablemente, un escenario así podría perjudicar el atractivo de sus smartphones y de otros productos de su línea de consumo y, en consecuencia, sus ventas. La alternativa de seguir utilizando la versión libre de Android, Android Open Source Project (AOSP), sería igualmente válida, aunque supondría estar en último lugar a la hora de recibir actualizaciones críticas o nuevas funcionalidades.

¿Es la situación mínimamente parecida a la ocurrida hace meses con ZTE, que terminó aceptando una serie de sanciones para evitar el cierre? En absoluto. Las dimensiones de ZTE no tienen nada que ver con las de Huawei, como no lo tiene tampoco el volumen de negocio que el mercado de consumo supone sobre el total de su facturación. Huawei es una compañía que, aunque en algunos países como España sea líder de ventas en el segmento de consumo a todos los niveles, incluyendo desde smartphones relativamente baratos con su marca o con Honor hasta monstruos como el P30, considerado por algunos analistas como superior al iPhone, extrae la mayor parte de su rentabilidad de operaciones de suministro de componentes a grandes empresas de telecomunicaciones y a gobiernos de todo el mundo. En ese sentido, y debido también al hecho de ser una compañía no cotizada, la vulnerabilidad de Huawei es muy inferior a la que poseen otras compañías, aunque indudablemente, una circunstancia con un bloqueo comercial y la inclusión en una lista negra no sea buena para nadie.

En realidad, una guerra comercial nunca es buena para nadie. Las noticias de hoy esconden, en realidad, que Google se dispone a perder los ingresos por publicidad y de otros tipos que le generaban los millones de terminales fabricados por la empresa que más smartphones vende en el mundo, que otras compañías norteamericanas se verán obligadas a dejar de facturar muchos miles de millones a Huawei y verán resentirse sus resultados y su cotización, que algunos estados norteamericanos que estaban construyendo sus redes con componente Huawei sufrirán un importante perjuicio económico, y sobre todo, que la idea de una internet global se está desintegrando, y lo que venga después va a ser, sin duda, mucho peor. Son las consecuencias evidentes de permitir que un imbécil como Donald Trump, que solo sabe pintar con trazos gruesos, esté a cargo de la economía más grande del mundo: que puede romper cosas que exceden con mucho las dimensiones de lo que sus débiles neuronas son capaces de procesar.

De hecho, China está actualmente implicada en más de ochenta proyectos de telecomunicaciones en todo el mundo, desde tender cables hasta construir redes en otros países, lo que posibilita un escenario en el que muchos países, obligados a elegir y con importantes inversiones ya comprometidas, se unan a China para desarrollar sus infraestructuras, y terminen por aislarse de la internet occidental. El «America First» de Donald Trump, que no lo olvidemos, implica un «your stupid country is pretty much secondary», podría terminar causando un daño muy importante, y no solo en términos tecnológicos, sino en cuestiones infinitamente más importantes – considerando que hablamos de un idiota capaz de negar el mayor desafío que el mundo afronta en este momento: la emergencia climática.

¿Responde el veto norteamericano a Huawei a años de restricciones y prohibiciones a empresas extranjeras llevadas a cabo por el gobierno chino? En parte sí. Pero responder sobre una compañía como Huawei, propietaria de la mayor cantidad de patentes existentes sobre tecnologías como el 5G y que siempre ha representado la tendencia a la apertura de China, no a su cierre, es susceptible de provocar muchos más efectos negativos que positivos. No nos engañemos: que China en su momento adoptase estrategias proteccionistas para blindar su mercado a empresas extranjeras no era nada bueno, pero que ahora los Estados Unidos traten de aislar a sus empresas y ponerlas en listas negras tampoco lo es. Las guerras comerciales, repito, nunca son buenas para nadie, y menos en el largo plazo.

La respuesta de Huawei, enfatizando su contribución al ecosistema Android, su compromiso con las actualizaciones de seguridad y el servicio posventa para todos sus productos y su interés por la construcción de un ecosistema de software seguro y sostenible que ofrezca la mejor experiencia a todos los usuarios del mundo deja claro que la compañía está convencida de que, en realidad, tiene un horizonte mucho más largo que el propio Donald Trump y sus irracionales medidas proteccionistas, y que pronto terminará la pesadilla y la inestabilidad que supone que semejante idiota esté en la Casa Blanca.

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