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Un tercio de la humanidad ya no puede ver las estrellas en la noche. La superficie terrestre iluminada artificialmente sigue creciendo sin parar: entre 2012 y 2016 lo hizo a un ritmo del 2.2% cada año. Y por si fuera poco, el brillo de ese iluminado nocturno también aumentó alrededor de un 2% anual.

Estos resultados fueron ofrecidos por el Centro de investigación alemán de geociencias GFZ en Postdam (Alemania). Los científicos han analizado los datos captados por un satélite a lo largo de cinco años y concluyen que nuestro planeta está más iluminado y que, además, las noches son más brillantes, con la miríada de repercusiones negativas que eso tiene. Sobre la salud humana, sobre la investigación, sobre los ecosistemas y sobre otras especies animales, sin perder de vista que supone una pérdida del patrimonio cultural de la humanidad.

La investigación también ha evaluado el impacto sobre la contaminación lumínica que está teniendo el cambio de los iluminados públicos de sodio –la tradicional bombilla amarilla- por luces LED en ciudades y pueblos, y tras analizar los datos recolectados, cuestiona que el uso de ese tipo de iluminación conlleve un ahorro del consumo global de energía. De hecho, han observado justamente lo contrario.

Los investigadores han analizado las imágenes captadas por el sensor VIIRS ubicado en el satélite Suomi National Polar, que orbita la Tierra desde 2011. Se han centrado en analizar tan solo los datos procedentes de los meses de octubre del periodo 2012-2016. Han escogido este mes tras tener en cuenta factores como la vegetación, si la cubierta vegetal podría tapar o no la luz solar, o la nieve, que puede hacer que algunas zonas parezcan más brillantes.

España es uno de los países del mundo más iluminados, junto con Estados Unidos. Según explica el físico Alejandro Sánchez, coautor del trabajo, ambos países tienen una densidad de población muy baja y concentran en las ciudades al grueso de los habitantes. Sánchez, que cuando participó en esta investigación estaba en el Instituto de Astrofísica de Andalucía y ahora es investigador de la Universidad de Exeter, en el Reino Unido, explica que “Madrid está más iluminada que Nueva York.

Y tiene tres veces más luz que Berlín, que es una ciudad de igual tamaño y cantidad de habitantes, seis millones teniendo en cuenta las áreas conurbanas”. Si bien es cierto que la población suele asociar iluminación y seguridad, en España, explica Sánchez, que haya más luz nocturna se debe en muchos casos a corrupción. “Valencia cuenta con un sistema nada eficiente de iluminado LED por corrupción política. Y el sistema de iluminado público de Madrid está dentro del caso de corrupción Púnica. De hecho, hemos realizado un estudio en el que hemos hallado una correlación entre los niveles de corrupción de una ciudad y su nivel de iluminación. En muchos casos, el uso de iluminad público LED es un fraude”, denuncia este físico.

Si bien aumenta, no lo hace en todo el planeta de forma homogénea. Para empezar, en algunas zonas, como Siria o Yemen, disminuye por razones obvias: ambos países están asediados por la guerra. En otras, como Australia, la razón del decrecimiento detectado son los fuegos salvajes; en 2012 el país austral estuvo asediado por grandes incendios mientras que 2016 no se produjo ninguno.

Ahora bien, en zonas tremendamente iluminadas, como España o Estados Unidos, la situación se mantiene. Sin embargo, en países en vía de desarrollo en América del Sur, Asia y África, el aumento de áreas iluminadas es mucho mayor y más rápido.

“La iluminación aumenta más rápidamente en lugares que no tenían demasiada luz”, asegura Christopher Kyba, del Centro de investigación alemán de geociencias GFZ en Postdam, Alemania, en una nota de prensa, que ha liderado esta investigación. “Eso implica que las tasas más rápidas de incremento ocurren en lugares que hasta el momento no habían estado muy afectados por la contaminación lumínica”, añade.

En este sentido, los investigadores analizaron el incremento de iluminación artificial en relación con el producto interior bruto (PIB) y vieron que está relacionado: cuando aumenta el PIB de un país, aumenta el empleo de iluminación. No obstante, el acceso a iluminación más eficiente no repercute, tal como se esperaba, en un descenso del consumo de energía global.

Esto puede deberse, explican los autores del trabajo, que los pueblos y ciudades emplean lo que ahorran al mejorar la eficiencia energética del iluminado público nocturno en poner más iluminación e iluminación más brillante . Por lo que la demanda de energía global no solo no desciende, sino que aumenta.

También compararon los datos obtenidos con fotografías de las ciudades tomadas por los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS) y observaron que en algunos casos, como en Milán, donde el sensor VIIRS había detectado una disminución de la iluminación, en realidad la ciudad era igual o más brillante. La razón de esta diferencia en los datos es que el sensor VIRRS no puede “ver” la luz azul que emiten los LED. Y en Milán el ayuntamiento había cambiado las farolas de sodio por otras de LED.

“Seguramente las mediciones reportadas en el estudio son inferiores a la tasa a que aumenta realmente la iluminación artificial en la Tierra”, asegura Kyba. En el futuro, añade este físico, los satélites de observación terrestres solventarán esta deficiencia y podrán ayudarnos a caracterizar mejor los cielos nocturnos de nuestro planeta.

A pesar de que solemos pensar que la iluminación LED es más eficiente energéticamente, Alejandro Sánchez, científico de la Universidad de Exeter, en Reino Unido, coautor de la investigación  desmiente esta idea. “Es un tema solo de marketing”, asegura. “Es cierto –prosigue- que la iluminación LED conlleva ventajas: se puede dirigir, a diferencia de la de sodio; se puede regular la intensidad y escoger el color del LED. Pero si se instalan bombillas LED sin implementar un sistema digital que ayude a controlar esas tres ventajas, no sirve para nada”. El investigador pone como ejemplo el municipio de Los Realejos, en Tenerife, y del Delta de l’Ebre, donde se han aplicado políticas medioambientales e implementado un sistema de iluminación LED eficiente. “Ahí sí hemos visto que ha descendido la contaminación lumínica”, señala y alerta de que “ a la industria le interesa vender los LED azules, hay un stock muy grande, por eso se venden más, aunque contaminen más”.

Que la noche no sea oscura tiene repercusiones muy negativas. El investigador Franz Holker, coautor del trabajo, explicó en rueda de prensa que la iluminación artificial nocturna es un contaminante ambiental que amenaza la vida de muchos animales nocturnos, plantas y microorganismos, además de la salud humana. “El mundo biológico se guía por los ciclos naturales de noche y día. El 30% de los vertebrados y más del 60% de los invertebrados son nocturnos y la luz artificial les afecta y amenaza, cambia sus hábitos, los confunde”, dijo. Y añadió que la Asociación Médica Americana lanzó una alerta el año pasado sobre la exposición a la luz azul y la pérdida de calidad de sueño, con las consecuencias que tiene para la salud: desde un aumento de la probabilidad de sufrir diabetes y obesidad hasta depresión y cáncer.

Pero no todo está perdido. Kyba se mostró optimista y puso como ejemplo experiencias como la de Tucson, en Arizona, en donde se han implementado farolas LED bien diseñadas que han permitido reducir la emisión de luz sin que ello haya tenido un efecto perfectible para sus habitantes. “Hay lugar para el optimismo”, afirmó el investigador.

 

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