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Dentro de pocos años, las tarjetas de crédito, de débito e, incluso, los billetes podrían desaparecer. Con un simple apretón de manos se sellará un acuerdo comercial, tal como se hacía antaño. No será necesario firmar nada, ya que el dinero fluirá de una billetera electrónica a otra a través del cuerpo humano. Bastará con tener la otra mano tocando el teléfono celular para concretar el pago. Ericsson, por ejemplo, ya está experimentando con Connected Me, como llaman a la tecnología que usa el cuerpo para la transmisión de datos, aprovechando su capacidad de ser un buen conductor de electricidad.

La tecnología aún está en etapa experimental. Pero cuando todo esté listo, también permitirá que al comprar en un supermercado, baste con poner los productos (cada uno tendrá un chip de bajo costo) en el carro para que la cuenta se calcule automáticamente. Al llegar a la caja, con el total ya sumado, bastará con tocar un dispositivo con una mano y tener el celular en la otra, para que se realice el pago. Todo sin billetes ni tarjetas.

En algunos países de América Latina ya se puede pagar con tarjetas que usan la tecnología EMV ‘contactless’ (sin contacto). “Solo hay que acercarla a la máquina lectora y, si el monto por pagar está por debajo de cierto límite, no se requiere PIN ni firma”, dice Ignacio Tresca, de Desarrollo de Negocios e Innovación en Gemalto.

Según el ejecutivo, ya es posible pagar usando dispositivos como los relojes inteligentes, que emplean una tecnología similar. Se llama Optelio Contactless MiniTag y consiste en una pequeña tarjeta con una antena diminuta que se inserta dentro del dispositivo. Esto lo habilita para hacer pagos en comercios, pagar el transporte urbano o acceder a estadios.  Google, Apple y Samsung también han creado sus propios medios de pago con dispositivos móviles.

Según Eduardo Righi, director de servicios financieros de PayPal, la clave de los nuevos pagos virtuales es la ‘tokenización’, que sustituye el número de la tarjeta de crédito por otro código (un ‘token’) que se genera para situaciones específicas y se identifica para cada compra, dando mayor seguridad.

El tener la información de la tarjeta de crédito almacenada en el celular permite que se comience a experimentar con novedosas formas de pago. Daniel Cohen sabe bien de esto. Es el director del laboratorio de pagos digitales de MasterCard en Latinoamérica, desde donde surgen tecnologías que ya están siendo probadas en pequeña escala antes de su masificación.

“Puedes estar chateando desde tu celular con el ejecutivo de una línea aérea y este te dice que el cambio de pasajes cuesta 100 dólares. Te manda el pago por el chat, tú haces clic, se abre la aplicación MasterPass y aceptas el pago”, dice Cohen, quien aclara que eso ya opera comercialmente en la línea Jet Blue.

En Estados Unidos ya se puede traspasar dinero por chat a un contacto de Facebook. Esto lo puede hacer cualquier cliente con una tarjeta de crédito con convenio, pero solo para intercambios entre amigos y familiares, como una madre que le envía dinero al hijo que estudia en otra ciudad.

En Singapur hay un proyecto más ambicioso. En un local de Pizza Hut, un robot Pepper es quien atiende. El robot saluda al cliente y le dice que se identifique con su aplicación MasterPass. Luego, el cliente enumera los ingredientes de su pizza y el sabor de la bebida. El robot le sugiere añadir un postre, detallando sus calorías por petición del cliente. Finalmente, le dice que la cuenta es de 23 dólares. Con solo un apruebo, la transacción está finalizada.

Eduardo Righi, de PayPal, dice que a corto plazo la tendencia es que las soluciones de pago se integren y se puedan hacer fácilmente transacciones de persona a persona. “Con solo un clic podrás comprar desde Facebook, viendo una fotografía de Instagram o de WhatsApp”, aclara.

Fuentes: El Tiempo

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