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Muchos genomas humanos presentan pequeños fragmentos de ADN Neanderthal, legado de relaciones sexuales entre nuestros antecesores y nuestros primos homínidos. En su mayor parte la herencia ha sido perjudicial. Los investigadores sugieren que aproximadamente un 10% del genoma humano deriva de los homínidos arcaicos y otra parte del Homo Sapiens, pero la mayor parte del material genético ha sido eliminado luego de decenas de miles de años de selección natural. El resto del ADN que persiste es el responsable del riesgo aumentado de depresión, Diabetes tipo 2, enfermedad de Crohn, Lupus, alergias, adicciones y otras más.

Fernando Racimo, Davide Marnetto y Emilia Huerta-Sanchez, genetistas, quieren encontrar evidencia de que esa parte de herencia arcaica también tiene un lado positivo. Ellos consideran, por ejemplo, que sufrimos un fenómeno de introgresión – fenómeno en el cual se introduce una nueva pieza de material genético que es tan beneficiosa que rápidamente se transmite a toda la población-.

“Todavía nadie ha hecho un estudio sistemático de la introgresión de adaptación en todo el mundo,” dice Racimo, un genetista del Centro de Genética de Nueva York e investigador principal del estudio. “nosotros estamos en condiciones de confirmar algunos descubrimientos anteriores y ejemplos reportados que nunca antes habían sido encontrados.”

Estos resultados fueron publicados en la revista Molecular Biology and Evolution esta semana, y sugieren que los humanos han heredado variantes genéticas positivas asociadas con la reserva de grasa, respiración, pigmentación de la piel, función hepática, respuesta inmune y producción de queratina.

Estos restos de ADN son provenientes tanto de los Neanderthals y los Denisovans, otro grupo de homínidos provenientes de Rusia. Decenas de miles de años después de la extinción de estas especies, su ADN todavía nos está ayudando a sobrevivir en mundo moderno.

Exactamente como esto ocurre todavía no está claro. La herramienta estadística desarrollada por Racimo y sus colegas se creó para escanear miles de genomas humanos de todo el mundo para identificar con precisión las secciones que presentaban un  ADN más parecido al de los humanos arcaicos del tipo del Homo Sapiens  en diversas poblaciones, en otras palabras, ejemplos de adaptaciones introgresivas.

Presumiblemente, estas variantes se extienden a través de todas las poblaciones porque nos generan algunas ventajas. por ejemplo, una adaptación introgresiva confirmada en el estudio de Racimo pudo ser encontrada en Tibetanos (sus genomas poseen un 5% derivado de los Denisovan): los miembros de una sociedad que viven en las montañas tienen una variante genética que los ayuda a respirar a grandes alturas, lo cual se relaciona con los genes de los Denisovan, genes que están completamente desaparecidos en los genomas de las poblaciones chinas Hans cercanas.

La mayor cantidad de rasgos humanos son el resultado de una compleja combinación genética, lo cual hace más complicado de ver en qué sentido esta herencia genética resulta beneficiosa.

“De todos los escaneos seleccionados nosotros podemos especular en que se basa la función genética, pero la razón de  adaptación real es más difícil de entender “, dice Racimo.

Racimo tiene sus sospechas de los beneficios de dos genes encontrados por él y su equipo; esas variantes fueron encontradas en los Nativos Americanos, Euroasiáticos y los pobladores
Denisovan, y están relacionadas con la producción de tejido graso.

“Tenemos una idea de lo que ha pasado, pero es parte de otro trabajo que publicaremos más adelante,” dijo cautelosamente.

Lo más importante que sacamos de este estudio, dice Racimo, es que nosotros les debemos a nuestros parientes  Neanderthal y Denisovan más cosas de las que pensamos. Durante años, el conocimiento general sobre estos humanos arcaicos es de que ellos eran más débiles, más tontos y menos evolucionados que los humanos modernos, y esa fue la razón de su desaparición. Pero Racimo cree que las demás especies homínidas todavía siguen ayudando a los humanos de hoy.

“Los humanos arcaicos dejaron África antes que los humanos modernos, por lo que tuvieron más tiempo de adaptarse a las condiciones particulares de Europa y Asia. Al tener un tiempo más corto para la adaptación, en lugar de esperar a que ocurran la mutaciones genéticas, se quedaron con material genético de estos grupos de humanos más arcaicos dentro de su genoma que estuvieron establecidos por un largo tiempo en esos lugares” continuó.

Por ejemplo, los genes asociados con la inmunidad pudieron ayudar a los Homo Sapiens a resistir nuevos agentes patógenos que encontraron cuando se diseminaron alrededor del mundo.

No todo fue tan bueno en la relación de los humanos antiguos con los Neanderthal. La revista Molecular Biology and Evolution publicó un estudio  donde demuestra otro tipo de herencia arcaica: las verrugas genitales. De acuerdo a los últimos descubrimientos una porción de la cadena del Papiloma humano (HPV), proviene de las relaciones sexuales de los humanos modernos con los Neanderthal o con los Denisovanos luego de dejar África.

Los HPV16 se dividen en cuatro grupos: A, B, C y D. De ellos, el A es el más presente y agresivo fuera del África subsahariana, donde apenas existe. Es el que más afecta a los europeos.

“Los resultados indicaban claramente que la variante A no se originó en los humanos modernos, sino que era mucho más antigua. Y los tiempos coincidían con los Neandertales y Denisovanos, la otra rama evolutiva que siguieron los primeros humanos que salieron de África hace unos 500.000 años”, afirma Ville Pimenoff, primer firmante y codirector del artículo.

 

La explicación más sencilla es la sorprendente conclusión de su trabajo: cuando hace unos 100.000 años los Neandertales empezaron a coquetear con los humanos modernos que recién habíamos llegado a Europa, no solo nos intercambiamos con ellos unos cuantos genes, también la variante A del HPV16 saltó hasta nosotros. De ahí que apenas exista en el África subsahariana, ya que se originó una vez fuera del continente africano y los Neandertales nunca volvieron a él.

 

 

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