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El Oxford Dictionary ha declarado como la palabra internacional del año la “posverdad”, cuya definición es la siguiente: relacionada o denotando circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que recurrir a las emociones y a las creencias personales

¿Y qué es lo que nos lleva como individuos a vivir en este estado de irracionalidad y falta de coherencia en el cual el sensacionalismo gana por encima del costo que debamos pagar?

¿Por qué elegimos dejarnos llevar por la difusión de falsas noticias difundidas tanto por medios de prensa impresa, la radio, la televisión o las redes sociales?

Convengamos que las “falsas noticias” estuvieron siempre en la historia de la humanidad para satisfacer las necesidades de diferentes grupos sociales por sobre el resto…..resto que haciendo caso omiso a las evidencias de la realidad prefieren elegir la mentira.

En el año 1200 a. C., Ramsés el Grande propagó intencionalmente información incorrecta que mostraba a la batalla de Qadesh como una victoria de los egipcios sobre los hititas, cuando en realidad había llegado a un punto muerto.

Actualmente las falsas noticias se relacionan con las elecciones presidenciales, el cambio climático y la seguridad de las vacunas, como grandes ejemplos de esta tendencia.

Los escépticos sobre el cambio climático han negado evidencias científicas sólidas, claro ejemplo Donald Trump,  que los expertos han comunicado con precisión y claridad. Por otro lado, durante décadas, los grupos que apoyan las campañas antivacunas han tratado de socavar la confianza del público en las vacunas, creando desconfianza y desinformación que apela a que las emociones tengan más peso que la evidencia científica.

El movimiento antivacunas comenzó junto con el nacimiento de las mismas, siendo una de sus opositoras más férreas Lora Little, una norteamericana de Minnesota, qyue bregó por detener la vacunación contra la viruela logrando en 1903 crear una ley que prohibía la vacunación obligatoria para asistir a la escuela. Años más tarde, Minnesota experimentó una gran epidemia de viruela que infectó a 28.000 personas

Hoy  Minnesota está sufriendo el peor brote de sarampión del estado en décadas. Ha habido más de 70 casos, y para poner esto en perspectiva, este número superó la cantidad total de casos reportados el año pasado en todo el resto de los Estados Unidos.

Pero, a que se debe esto hoy que hay tanta información al alcance de todos en redes sociales?

A las falsas noticias. Un activista anitivacunas visitó varios canales de televisión haciendo campaña contra la vacunación. Andrew Wakefield, es autor de una publicación poco ética y nada científica que avala su teoría antivacunas.

Esta publicación fraudulenta todavía existe en blogs y se comparte de vez en cuando. Las campañas de información sobre salud pública no funcionan; y la explicación persona por persona tampoco aclara por qué el vínculo de la vacuna con el autismo no es real. Además, las redes sociales han permitido a la gente comunicarse e intercambiar información (y desinformación) a mucha más velocidad y en una escala mucho más amplia que nunca, mientras que las plataformas de publicación permitieron a cualquiera crear fácilmente sitios web que contienen información de publicaciones en libros pseudocientíficos.

Entonces la pregunta del millón es, porque tenemos la tendencia a buscar, aceptar y recordar información que apoye nuestras propias creencias e hipótesis preexistentes?  ¿porqué estamos tan negados a aceptar las realidades que nos muestra la investigación científica, tanto en este caso como en otros muchos ejemplos?

¿No será hora de abrir nuestras mentes y dejar que nos sigan manipulando a través de las Fake News?

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