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Estonia es considerada como una “sociedad digital” ya que el 98% de sus transacciones bancarias se hace en forma digital y se firman con el DNI electrónico, por lo que su ciberseguridad debe ser la mayor del planeta, hoy en día. No tienen registros en papel de ningún tipo en toda la administración pública. “En nuestro caso, si perdemos nuestros archivos digitales estamos acabados como país. No tenemos registros de papel”, explicó Siim Sikkut, jefe de información del Gobierno estonio. “Tenemos muchos sistemas de seguridad, pero las cosas en Estonia, como en cualquier sitio, pueden fallar”, comentó a un grupo de corresponsales europeos.

Estonia tiene varias copias de seguridad dentro de su país como así también en sus más de 30 embajadas alrededor del mundo. Pero así y todo, todavía no se quedan tranquilos. “En caso de que se produzca una crisis en Estonia, es clave que los servicios de autentificación y autorización digital sigan operativos”, afirma el Ejecutivo. Debido a esto se plantearon cómo poder guardar los datos de la manera más segura y eficiente. “La conclusión fue que es necesario tener una última copia de seguridad fuera de nuestras fronteras”, explica Sikkut. La alternativa fue desarrollar su propio sistema junto con Microsoft. El proyecto se cerró el pasado 20 de junio con la firma de un acuerdo con el Gobierno de Luxemburgo para abrir en su territorio una embajada digital, un centro de datos de alta seguridad reservado, dentro de las instalaciones del Gobierno de Luxemburgo, en el que se guardarán datos críticos para Estonia (su censo, su catastro, su sistema de pagos, su sistema de pensiones…). “Elegimos Luxemburgo por una cuestión de infraestructuras y porque tenemos muy buenas relaciones bilaterales. Espero que en el futuro haya otros países que abran sus propias embajadas de datos”, afirma el ­primer ministro de Estonia, Jüri Ratas.

La localización física de los servidores es secreta.  Estonia plantea aplicar al mundo cibernético y los centros de datos la misma protección que la Convención de Viena da a las embajadas tradicionales.

Abrir esta embajada tecnológica se basó en prevenir cualquier ciberataque. “La idea es que si ocurre cualquier cosa, Estonia va a poder seguir funcionando como Estado aunque no disponga de sus facilidades físicas aquí. El Gobierno o el Parlamento podría seguir tomando decisiones desde cualquier sitio”, plantea Sikkut, abierto a considerar emergencias como una invasión o un golpe de Estado.

 

 

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