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La semana que termina y que comenzó con la amenaza por parte del gobierno de Beijing de devaluar el yuan que provocó que las bolsas de valores se desplomaran en todo el mundo ante la posibilidad de una guerra de divisas entre China y Estados Unidos, en lo que sin duda fue un lunes negro, evidenció que ante la inseguridad y volatilidad de los mercados siempre existirá un activo en el cual los inversionistas pueden refugiarse sin temor: el oro.

Sin embargo, es posible que la guerra comercial que tiene enfrentadas a las dos economías más grandes del planeta haya revelado a otro activo-refugio en un momento en que la industria tecnológica rige los destinos de la economía mundial: el Bitcoin.

Luego del abrupto desplome que sufrió a finales del año pasado y que la condujo a apenas superar los 3,000 dólares por unidad, a lo largo de 2019 la criptomoneda más valiosa y popular ha registrado una tendencia al alza que en los primeros días de julio la colocó por encima de los 12,500 dólares y en la última semana la tiene rondando la frontera de los 12,000.

El mercado de las criptodivisas, que aún está muy lejos de ser considerado confiable incluso por sus propios partidarios, ciertamente ha registrado un notable avance en los últimos dos años y es muy posible que comience a parecer atractivo para los inversionistas tradicionales dada la escalada en el conflicto entre Estados Unidos y China. A partir de esto quizá podría explicarse la curva creciente que ha experimentado el BTC, pues ha tenido lugar en los momentos más álgidos de la pugna.

Ante la incertidumbre que ha comenzado a permear los mercados internacionales, ¿es posible que se esté considerando al Bitcoin como un activo-refugio? La pregunta puede ser retórica, pero algunos analistas ya comienzan a planteársela muy en serio en la medida que se trata de un activo digital al que puede accederse desde casi cualquier parte del mundo.

Ahora bien, ese es el atractivo, pero no debe dejarse de lado el hecho que se trata de un activo que conlleva riesgos en tanto no es regulado ni aceptado por muchos países, y sus fluctuaciones en ocasiones pueden deberse a una demanda exacerbada por los medios de comunicación, tal y cual ocurrió en 2017 cuando alcanzó una cotización de 20,000 dólares por unidad, o bien por grandes inversionistas que juegan a inflar y desinflar una burbuja con tal de hallar una paridad.

En los hechos, y dada la falta de una regulación internacional de las criptodivisas, todavía parece demasiado prematuro considerar al Bitcoin como un activo-refugio, al menos en cuanto a estabilidad y seguridad se refiere. Sin embargo, las buenas noticias son que la idea no ha resultado del todo descabellada y comienza a generar simpatía. Los siguientes meses, así como la continuación o la resolución del conflicto entre Washington y Beijing, arrojarán más luz en torno a este asunto.

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